http://www.e-bolivar.gob.ve/

Viernes, 26 de Mayo de 2017

Contrapunto.com

Opinión

El ojo mecánico

El penúltimo aliento de Rocky

El penúltimo aliento de Rocky
Imagen tomada de cinefronton.com -

De seguir en su obstinación de no pasar al olvido por obra y gracia de su personaje más aplaudido y recordado, Sylvester Stallone puede terminar siendo víctima de sí mismo.

  •  
  • Juan Antonio González
  • Viernes, 29 de Enero de 2016 a las 6:01 a.m.

Aferrado al personaje que le dio cierto prestigio más allá de su imagen de tipo duro del cine de acción, Sylvester Stallone revive,de la mano del cineasta Ryan Coogler al boxeador Rocky Balboa, ya en el declive de su vida y de la saga que ha generado

De entrada, Rocky Balboa es un personaje entrañable. Algo así como la agridulce encarnación de un boxeador, bonachón y transparente, que aun perdiendo el más importante de sus combates sobre el ring, se convirtió, por allá por 1976, en la romántica encarnación del héroe sin triunfo, del anónimo luchador que se sobrepone con lo que tiene a la prepotencia del ganador. Una especie de inspiración en medio de una sociedad cuyo desiderátum parece repartirse entre winners y loosers.

Como quiera que sea, el creador del torpe pero persistente boxeador de Filadelfia, en Estados Unidos, Sylvester Stallone, se ha empeñado, luego del rotundo éxito de público y crítica que tuvo la primera entrega de Rocky, en convertir a su criatura en protagonista de una franquicia que lejos de adquirir profundidad con los años, ha terminado por vaciarlo de significación, de contenido, de dimensión.

Tanto ha querido el actor y productor ítalo-estadounidense “sacarle el jugo” a su criatura que, desde hace mucho tiempo, aquellos espectadores que nos emocionamos con el primigenio Rocky sentimos que el hombre “ya no da más”. Y eso, precisamente, es lo que confirman las imágenes de la séptima película sobre el púgil, Creed. Corazón de campeón, que dirige Ryan Coogler, cineasta californiano que se dio a conocer en el mundo del cine independiente de su país con su ópera prima Fruitvale Station, en la que se describe la vida de un joven negro de 22 años un día antes de que sea asesinado por un policía.

La tentación de volver a la emocionalidad de la Rocky original invade por completo la historia de Creed. De hecho, aunque la historia del filme se sostiene ahora en el hijo del que fue el gran contrincante de Rocky Balboa, Apollo Creed, se repite en ella la misma estructura de la obra del 76: el niño/hombre que ama el boxeo y aspira a convertirse en campeón mundial, con todo el contra; valga decir, un entorno familiar inexistente o contrapuesto y unos rivales tan poderosos por sus puños como por los inescrupulosos representantes que tienen detrás de sí y que solo buscan hacer mucho dinero… más que enaltecer el deporte de los cuadriláteros.

Creed se adentra de manera superficial en la vida de Adonis Johnson, un niño problemático que es rescatado de un correccional por la viuda de Apollo Creed, padre al que el muchacho no conoció. Tras una elipsis, se ve a Adonis convertido en un exitoso pero infeliz gerente de una empresa financiera. Contrariando a su madre política, el joven renuncia a su trabajo para conquistar su sueño de seguir los pasos de su padre.

La forma en la que piensa lograrlo es viajando de Los Ángeles a Filadelfia para convencer al ya retirado Rocky Balboa de que sea su entrenador. Tan pronto como aparece en pantalla el ya envejecido ex campeón mundial de Peso Pesado, el filme de Coogler no encuentra otro basamento emocional que la nostalgia. Y mire usted, amigo lector, que la nostalgia es lo suficientemente apetecible como para transformar un filme sin mucha densidad en el planteamiento psicológico de sus personajes en un inusitado éxito de taquilla, quizás, el último al que pueda aspirar Rocky Balboa.

Adonis toma ahora el lugar de Rocky. Es el perdedor (looser) que desea ser un ganador (winner), mientras su nuevo mentor se enfrenta al mayor de sus combates: un cáncer.

De forma inteligente, el guión de Coogler traslada el espíritu de la primera película de Rocky a los tiempos que corren. Ya no está la inolvidable música de Bill Conti, sino unos acordes electrónicos que dan pie para la aparición de la chica de turno: una cantante de música alternativa aquejada por una enfermedad auditiva que en un lapso perentorio la dejará sorda. Ella y Adonis se enamoran con la misma intensidad con que, en su momento, lo hicieron Rocky y Adrian (Talia Shire).

Se extraña, eso sí, la cálida granulación de la película de 35 milímetros con la que se rodó Rocky, pero en este caso, la fotografía de la francesa Maryse Alberti aporta a las escenas de combate una nitidez impresionante.

En cuanto a las interpretaciones tanto de Michael B. Jordan (Adonis) como de Sylvester Stallone, vale decir que el primero destaca por la pasión que imprime a su caracterización, mientras que el segundo, a pesar de los premios que ha recibido y que parecen más bien galardones honoríficos, se centra en el envejecimiento de su personaje para transmitir un cansancio físico que arropa la naturalidad del Rocky que se metió a todo el mundo, incluida la Academia de Hollywood, en el bolsillo. Eso sí, la química entre ambos actores es perfecta.

De seguir en su obstinación de no pasar al olvido por obra y gracia de su personaje más aplaudido y recordado, Sylvester Stallone puede terminar siendo víctima de sí mismo. De seguir, terminará contándonos cómo morirá la más entrañable de sus creaciones. Ojalá, no le dé por cerrar el círculo de la mitología de Rocky Balboa. Ojalá, no nos haga testigos de su último aliento.


Lee también en El ojo mecánico: A las puertas del Óscar: “Hacksaw Ridge” | Philippe Le Guay: La cara amable de la vida | Metáfora inacabada | El monstruo interno |


Las opiniones emitidas en esta sección son responsabilidad de los columnistas. Su publicación no significa que sean compartidas por Contrapunto.com.

Contrapunto.com respeta y defiende el derecho a la libre expresión, pero también vela por el respeto a la legalidad y al uso de un vocabulario libre de insultos y de contenidos inapropiados a la luz del sentido común y las leyes. En consecuencia, nos reservamos el derecho de editar o eliminar los textos o comentarios que incurran en estas situaciones.

http://www.gotasdeayuda.com/
http://www.contrapunto.com/noticia/suspiros-y-galletas-dulce-antojo-coloniero-103816/