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Miércoles, 12 de Diciembre de 2018

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El Chiripero

El Chiripero
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  • Leoncio Barrios
  • Viernes, 13 de Noviembre de 2015 a las 6:01 a.m.

En las próximas elecciones parlamentarias los venezolanos volverán a decidir, esencialmente, entre dos polos de poder. ¿Dónde están las alternativas diferenciadoras de un pensamiento único que proclama "Si no estás conmigo, estás contra mi"?

Una característica de la historia electoral venezolana desde finales del siglo pasado ha sido el chiripero. Se trata de la unión de disímiles formas de pensar (e intereses) en torno a un circunstancial objetivo político o electoral sin prever el después. Alianzas estratégicas, dicen. Para ser Presidente del país por segunda vez y salvarnos del desastre adeco y el de su propio partido –cosas veredes-, Caldera, el creador del chiripero, reunió a su alrededor desde ex guerrilleros hasta banqueros. Le siguió Chávez, e hizo lo mismo.

El chiripero de entonces se trazaba acabar con el bipartidismo, esa forma arcaica de ejercer la democracia donde las minorías políticas son solo un recurso electoral desechable. Creíamos haberlo logrado y con ello haber superado a democracias, como las de Estados Unidos e Inglaterra, y otras más cercanas, cuyas elecciones se resuelven entre dos partidos.

En un principio, el chiripero tuvo éxito. Chávez continúo lo que Caldera había iniciado: expulsar del poder a los dos grandes partidos y su forma de gobernar. Después pasó lo que sabemos. Entre otras cosas, por un lado, el partido chavista, el PSUV, se hizo monolítico y surgió otro chiripero, aglutinado alrededor de lo que hoy es la MUD, el núcleo de la oposición unida para salir de Chávez, en un principio, y ahora, de lo que lo representa. Después no sabemos qué pasará.

El asunto que nos ocupa no es el miedo a la incertidumbre pues esa es una característica de todo futuro, sino el que las próximas elecciones parlamentarias nos siguen obligando, como antaño, a decidir entre dos polos; uno, cuasi homogéneo a pesar de varias tarjetas, el “Polo Patriótico”, y el otro, disímil, pero amparado bajo el paraguas de la “unidad democrática”. No son dos partidos, pero como que si fueran. Votas por uno o por otro, sin otra opción. En el pasado había algunas, así perdieras. Suena absurdo en tiempos cuando la humanidad reivindica la diversidad de expresiones y pensamientos. Mientras más opciones mejor; mientras más, más libertad.

En todas las elecciones recientes, tanto gobierno como oposición, nos han entubado. La sociedad no partidista ha quedado anulada. Insisto: no son dos partidos pero como que si fueran. Un pensamiento único de cada lado. La disidencia y la crítica vistas por ambos polos como traición. El autoritarismo se siente en las dos voces. ¿Por qué no te callas?, te dicen. Estás conmigo o con mi enemigo, advierten. Te pareces tanto a mi, canta Juan Gabriel. En las sociedades polarizadas los matices, rasgos fundamentales de la real democracia, no se admiten.

En este contexto, el 6-D, los venezolanos decidiremos entre dos polos que solo entusiasman a dos minorías, aunque la mayoría vote por uno de ellos. No hay otra opción. De allí que el principal enemigo a vencer ese día sea el fantasma de la abstención, a pesar de que encuestas digan que casi un 80 % irá a votar “decididamente”.

Las encuestas dan números pero no son matemáticas.

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