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Martes, 21 de Noviembre de 2017

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Cable al sur | Literatura, política, memorias y otras ficciones

Diario del año del acoso

Diario del año del acoso
- Imagen tomada de https://3.bp.blogspot.com

Otra semana en otro país. No todas las ciudades son iguales y, aunque tal vez sea cierto que uno no puede escapar de su destino, hay destinos que vale la pena conocer antes de que el otro se cumpla

¿Debo casarme con W? No, si no me revela las restantes letras de su nombre.

W.A.

Comenzar esta especie de simulacro de diario con una cita de Woody Allen es como darle al artículo un toque religioso, digo, si consideramos las denuncias que hay contra este actor y director, a las que se han sumado las presentadas contra Harvey Weinstein, Kevin Spacey y Dustin Hoffman, con lo que Hollywood cada día se parece más a la Iglesia católica (ambas coinciden también en que son grandes fabricantes de sueños), y además es un texto que siempre me ha hecho gracia y de alguna manera asocio con la fiebre de diarios y autobiografías que en años recientes parece haber tocado varios países latinoamericanos, y al que quiero sumar esta pequeña pero olvidable contribución.

Primero de noviembre. Uno de esos días en que uno quisiera estar muerto. Problemas laborales mezclados con otros económicos y personales, todos en un solo paquete. Por otro lado, vi un jacarandá en flor cuando regresaba esta tarde por Carlos Calvo que todavía tengo prendido en el recuerdo. Hay muchos por toda la ciudad, pero este era notablemente hermoso, y personal. También una frase de Steiner en un libro que estoy releyendo y que no voy a copiar aquí, o tal vez sí, pero después.

Hay que anotar también que los muchachos sin saber nada de mi estado de ánimo estuvieron de lo más amables: I estaba contento porque sacó diez en una prueba de matemáticas, y R me preguntó si mañana haremos ejercicios en el Centenario (es una práctica forzada que empecé para alejarlos de las pantallas). Hoy no pudimos porque llegamos muy tarde. Pienso afectuosamente que tal vez debimos ponerles nombres con más letras.

Dos de noviembre. Madrugada. Escuchamos el sonido de gritos, tambores y silbatos. Maite dice que son los dioses abandonando a Macri, y yo estoy a punto de prender la luz para poder observarla con una admiración menos horizontal. Esperando a la bárbara. Tal vez sea una manifestación trasnochada por la muerte de Santiago Maldonado, o parte de una fiesta del día de los muertos que se desprendió de uno de los bares estilo mexicano de Pedro Goyena (hay cerveza artesanal).

Para hoy hay un evento en la Casa del Escritor, en San Telmo, para recordar a los periodistas muertos este año en Latinoamérica, con brindis y demás, pero luego recuerdo el compromiso con el enano, de ejercitarnos en el parque, y opto por los vivos. Imagino que habrá un fiestón en Venezuela, por la cantidad de muertos, pero sin brindis.

Viernes tres. Otro atentado con un vehículo como arma en Nueva York. Ocho muertes, cinco argentinos. ¿Y si se estuviera enfocando este asunto desde la perspectiva equivocada? Seis atentados con vehículos solo en 2017. ¿Y si los fundamentalistas fueran nada más la cubierta de una rebelión mayor? La de los cuatro ruedas contra la humanidad y sus aliados, como las bicicletas. Piénsenlo: el papel de las Hilux de Toyota en la ofensiva del proyecto de califato de ISIS, la agresividad inexplicable de los colectivos en Buenos Aires, los ataques recientes. Podría tratarse de la rebelión del General Motor, el Primer Motor aristotélico. Sería el golpe perfecto: la humanidad temerosa de las computadoras y del desarrollo de la inteligencia artificial, y la insurrección surgiría de motores de combustión interna, que solo conservarían a los humanos por aquello del cambio de aceite, y el filtro, y porque de vez en cuando hay que mover una palanca. Extraño mi camioneta blanca. Los jacarandás frente al congreso, espectaculares.

Sábado cuatro. Noche de los Museos (acceso gratis a los principales museos de la ciudad y a espacios y edificios que usualmente están vedados al público). En el día paso por Bernardo Yrigoyen, una extensa fila de árboles violetas que, ahora sé, fueron premeditados por un paisajista francés, Carlos Thays, durante la segunda mitad del siglo XIX. Los días son cada vez más largos y eso tiende a confundir, a las siete de la noche aún es de día y terminas llegando tarde adonde ibas, si pensabas ir a algún lado, como nosotros, que esta noche nos hemos propuesto conocer dos museos: el de Arte Moderno y el de Arte Contemporáneo, que están uno al lado del otro en la avenida San Juan.

La avenida cerrada al tráfico frente a los museos. Mientras hacemos la fila escuchamos a la Banda Sinfónica de la Ciudad interpretar temas de películas como Cinema Paradiso o Titanic. Suenan bien. Más tarde, mientras hacemos otra cola para entrar al MACBA, disfrutamos de un concierto con todo y desfile de una banda de gaitas irlandesas (o escocesas, no estamos seguros). Lo más notable de esta noche, en lo que respecta a ambos museos, es una retrospectiva de Liliana Maresca, y una de Tomás Saraceno, “Cómo atrapar el universo en una telaraña”, hecha en conjunto con siete mil arañas de la especie Parawixia bistriata, y en la que colaboraron el MAMBA y el Museo de Ciencias.

Pero estuvo también el museo de la noche, gente en la calle, muchísima, celebrando una primavera muy parecida al verano, como si las vacaciones hubieran llegado ya, y fueran para todos. Cerca del MAMBA, en el Pasaje Defensa, una gran casa de 1880 que actualmente alberga tiendas de antigüedades y un par de restaurancitos y a una muchacha cantando jazz, acompañada por un tecladista; una cuadra más allá, en plaza Dorrego, un grupo tocando rock en medio de la plaza; y otra cuadra más allá, en una esquina de Carlos Calvo y cerca del Mercado de San Telmo, un grupo tocando jazz de los años treinta con una saxofonista que no lo hace nada mal. Lo mejor de la noche.

Domingo 5. Salí temprano a caminar por una ciudad que parecía estar viviendo un ensayo de lo que será el primero de enero: solitaria, con muchísimos comercios cerrados (incluso los que suelen abrir los domingos) y un sol francamente tropical. Corrientes, 9 de Julio y en Santa Fe el Jardín Botánico, una exposición de fotografías de jacarandás en distintos lugares de Buenos Aires, realizadas por Beatrice Murch, y el nombre científico al pie de un ejemplar poco vistoso: Jacaranda mimosifolia. Sí es primo del pasadek sabanero, aunque de conducta más frondosa.

Lunes 6. Otra semana en otro país, con Cavafis que sigue dando vuelta por ahí. Ayer pensé en algún momento de desánimo que el poema de la ciudad debería ir impreso en la última página de cada pasaporte venezolano, como un recordatorio. O parte de la letra de aquella canción de Pedro Aznar que decía que en todas partes la gente es igual, “la misma decepción, la misma soledad”. Hoy no lo veo tan así, no todas las ciudades son iguales y, aunque tal vez sea cierto que uno no puede escapar de su destino, hay destinos que vale la pena conocer antes de que el otro se cumpla.

Martes 7. Ni te cases ni te embarques, ni de tu casa te apartes.

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