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Lunes, 16 de Julio de 2018

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Opinión

Esta selva del tiempo marchito y violento que es Caracas ha cobrado otra víctima

De donde viene tu nombre

De donde viene tu nombre
Fragmento de una portada de un disco de la agrupación Adrenalina Caribe -

Evio Di Marzo ha sido otro muerto anónimo, para quienes lo asesinaron, un muerto sin aroma y sin historia, un número más, otra muesca en su conteo de insanidades y conquistas criminales, un surco tallado en las tablas de la antiley del salvaje...

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  • Nelson González Leal
  • Martes, 29 de Mayo de 2018 a las 12:37 p.m.

La noche del 28 de mayo fue asesinado en Caracas el músico y cantautor venezolano Evio Di Marzo, quien marcó con su producción musical, llena de humor y desparpajo, a toda una generación. Este texto es una especie de homenaje a su memoria

De donde viene la muerte no se cierran las canciones, por el contrario, se abren al silencio de los condenados. No se callan las voces que anuncian sorpresas ni impactos al alma, al ánimo. De donde viene la muerte con aires dichosos, cuando llega con el tiempo que acaba en los otoños, llega también la quietud propia de las cosas ganadas con paciencia. Pero si la muerte llega malsana, arbitraria, ladrona, miserable, solo deja rastros de rabia, de dignidad perdida.

Sí, lo sé, me dirán que la muerte es común y que no tiene tiempo ni hora marcada, que son muchos los que mueren sin nombre en las manchetas, que las lágrimas que los lloran resbalan por lápidas olvidadas y que en un país de 26.616 asesinatos por año toda muerte es una muesca más, aunque quien muera te haya advertido, en un canto sin usura, que tengas cuidado, “que el destino que te aguarda Dios lo tiene calculado y por más que tú te empeñes, con el diablo de tu lado, las estrellas de la selva nunca podrás alcanzar, por tu afán… tu afán de codicia”. Pero quienes esto dicen, quienes esto gritan, olvidan que cada muerte duele y que aquella que destroza la vida de quien fundó espacios para el amor, o para la conjura del odio, el silencio, la tristeza o la soledad, se convierte en una rotura del alma colectiva, en una debacle de la certidumbre.

Selva del tiempo marchito que ya parece no tener como enseñar de nuevo la vida, sino consumar la muerte en cada esquina, en cada una de sus noches, aquellas a la que otro cantó, hermanado y hermano, que su hora es siempre la del puñal. Selva malsana esta ciudad nocturna que se ha llevado la vida del músico y cantautor Evio Di Marzo. Selva en donde todos nos encontramos sin resguardo, como botella en el mar, a la deriva, sin saber que orilla nos aguarda, o si habrá alguna orilla donde reposar el cansancio de tanta bravura, tanto odio, tanta crisis, tanta humillación y dolor.

Evio Di Marzo le dio sabor a la música de los ochenta en Venezuela, sabor y humor, alegría aún a las escenas tristes de bares caraqueños donde la adrenalina, más caribe que nunca, impulsaba las refriegas del amor. Evio Di Marzo se convierte en una víctima más de la inseguridad que mata la alegría del venezolano, y muere casi en el absurdo: por lo que sabemos, lo intentaron robar, le intentaron quitar el carro, y él, pura adrenalina como siempre, echó mano de la dignidad y se negó a entregarlo. El resultado fue el que cabe esperar en un país donde señorea la infamia: cuando el pundonor se presenta da rabia, porque desenmascara la impotencia, entonces la vileza se presenta y busca aniquilarlo, suprimirlo, borrarlo, sin saber si quiera de dónde viene su nombre.

Y creánlo, Evio Di Marzo ha sido otro muerto anónimo, para quienes lo asesinaron, un muerto sin aroma y sin historia, un número más, otra muesca en su conteo de insanidades y conquistas criminales, un surco tallado en las tablas de la antiley del salvaje, esa a la que todos nosotros estamos expuestos en este país del sálvese quien pueda y que pronto nos alcanzará, sobre todo mientras más dignidad profesemos, porque en un país que no está hecho para el orgullo ni la decencia, los indignos viven más.

¿De dónde han venido los nombres que le quitaron la vida de Evio Di Marzo? ¿Importa? Suponemos que de dónde vienen todos los asesinos: de la violencia instaurada en la niñez que se cuece en hogares llenos de desamor. ¿Tendría Dios calculado este destino para un hombre que se afanaba en trabajar, producir, cosechar amistades, desparpajo y alegría? Volvemos a la selva del tiempo para no hallar respuesta, o por lo menos ninguna que se ubique mucho antes de que llegara su nombre a incrustarse en la memoria de quienes disfrutamos sus composiciones musicales durante la década de los ochenta y noventa, y que en la actualidad comenzamos a tener la esperanza de ver el resurgimiento de aquella música urbana llena de adrenalina, calor, percusión y caribe.

Descansa en paz, Evio Di Marzo, que seguiremos cantando contigo:

"Si yo tuviera un poco de tiempo para soñar con mi vida un milagro sucedería si yo tuviera un minuto. Solo un minuto de libertad, la la la, oh. Tiempo libre (tan poquito) tiempo libre, tiempo libre, quien tiene un poco de tiempo."

http://www.contrapunto.com/noticia/suspiros-y-galletas-dulce-antojo-coloniero-103816/