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Viernes, 24 de Noviembre de 2017

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Dame pa' matalo: la práctica del linchamiento en Venezuela (Primera parte)

Dame pa' matalo: la práctica del linchamiento en Venezuela (Primera parte)
- Imagen tomada de www.buhola.com/4/2016

Según diversos estudios, en los últimos años los venezolanos se encuentran más proclives a aceptar, permitir, promover e incluso participar en linchamientos

Los linchamientos históricamente han estado presentes en las sociedades latinoamericanas, principalmente en los sectores populares y rurales como respuesta de la población ante la comisión de crímenes considerados “atroces”, como las violaciones o el asesinato de menores de edad. Estas prácticas se naturalizaron ante los altos índices de impunidad que han generado el aumento de la desconfianza hacia las instituciones de justicia; sin embargo, tradicionalmente se presentaron como hechos aislados y esporádicos, por lo cual, en la mayoría de los casos pasaban desapercibidos en la opinión pública, siendo apenas reseñados por los diarios de menor alcance, caracterizados por el tratamiento espectacularizado de estos casos.

Es a partir del año 2015 que la frecuencia de los linchamientos comienza a incrementarse en Venezuela, a trascender las periferias para realizarse en los espacios urbanos y, algunos haciéndose de conocimiento público por la divulgación y viralización –principalmente a través de videos amateurs- en las redes sociales; empero, estos en lugar de generar empatía, compasión, rechazo y preocupación, según la socióloga Verónica Zubillaga generan placer en los usuarios.

Otro dato de importancia es que ha cambiado el perfil de las víctimas, de acuerdo a lo señalado en una entrevista por el abogado e investigador Keymer Ávila “En los años 90 y a comienzos del siglo los linchamientos usualmente se daban en casos de violación, ajustes de cuentas, casos de delitos muy graves. Ahora se ve en los intentos de robos y arrebatones. Las personas afectadas son los malandritos”. Es decir, ahora la comisión de un delito menor o la sospecha de este puede desencadenar la violencia del grupo social y tener como desenlace el linchamiento, por lo cual afirmó Ávila, la naturalización y cotidianización de este fenómeno nos pone en peligro a todos pues, “la víctima puede ser cualquiera, lo que funciona es una lógica inquisitorial”.

Este hecho puede explicarse como una consecuencia de la progresiva descomposición del tejido social aunado a la flexibilización de los valores de la población que en los últimos años según estudios realizados por el Observatorio Venezolano de Violencia entre el 2002 y 2012, un 60% y 65% de la población venezolana aprueba el linchamiento como mecanismo de castigo. Esto podría indicar que se encuentran más proclives a aceptar, permitir, promover e incluso a participar en la comisión de estos homicidios colectivos.

Al respecto un reportaje realizado por el diario El Universal registró 40 casos asociados al linchamiento, 21 consumados y 19 frustrados, pero estos al no encontrarse sistematizados caso por caso no fue posible hacerles seguimiento; por su parte el medio digital Efecto Cocuyo reseñó la ocurrencia de 25 casos de linchamiento durante 2015, sin embargo, muchos de ellos califican como intentos de linchamientos o linchamientos en condición de frustración. Es a partir de la revisión exhaustiva de los casos y su contrastación en diversas fuentes de información para la realización de esta investigación que, se pudo concluir que en el año 2015 ocurrieron 13 linchamientos con 14 víctimas mortales, entre los que destacan:

25/02/2015: Manuel Vicente Baptista Bastidas, 38 años, fue asesinado por los habitantes del barrio La Agricultura de Petare, tras haber sido acusado de intentar actos lascivos contra una menor de 12 años. Los familiares de la niña denunciaron el caso ante la subdelegación de la policía científica en El Llanito, sin embargo, un día después, con objetos contundentes y armas blancas entraron a la casa del acusado y le propinaron 11 lesiones en diferentes partes del cuerpo que le ocasionaron la muerte.

26/02/2015: Jonathan Marval, 34 años, fue linchado y quemado vivo por los vecinos de la comunidad Cerro La Cruz del Estado Nueva Esparta, luego de presuntamente abusar sexualmente de una niña de 12 años compañera de estudios de su hijastra.

25/03/2015: Sin nombre, alias “Popeye”, 28 años, fue linchado por la comunidad del sector El Cambur de Puerto Cabello luego de que una mujer denunciara a gritos que le habían robado su teléfono, falleció a consecuencia de traumatismos múltiples.

29/03/2015: Luis Enrique Baldallo García, 28 años y José Ramón Arias Betancourt, 20 años, fueron golpeados hasta la muerte por los pobladores del barrio Cumarebo, en Cabimas por la acusación de robarse una motocicleta.

12/05/2015: José Quiroga Melgarejo, 19 años, fue ultimado por al menos 5 personas después de irrumpir junto a otros dos hombres en una vivienda en Maracaibo donde robaron y asesinaron a uno de los integrantes de ese grupo familiar.

19/06/2015: No identificado, al ser presuntamente sorprendido intentando robar un vehículo fue sometido y asesinado por los lugareños del sector Los Laureles en Cabimas.

23/06/2015: Nordys Yahel Barrios Triana, 25 años, fue golpeado con palos, piedras y finalmente prendido en candela por los residentes de la comunidad después de que ingresara junto con un cómplice a una vivienda ubicada en el sector las Guayas en el kilómetro 40 de la carretera Panamericana. Los sujetos cargaron con electrodomésticos, dinero en efectivo, otros objetos de valor, y abusaron sexualmente de dos mujeres en la casa.

23/06/2015: Julio César Palomo Moreno, 36 años, falleció en el hospital luego de ser golpeado, acuchillado, rociado con gasolina y prendido en fuego por la población del Barrio 8 de Diciembre en San Cristóbal. Se desconocen las circunstancias del suceso.

28/06/2015: Jorvin Ortega, 20 años, recibió un disparo en una de pierna, varios golpes, fue rociado con gasolina y prendido en fuego por estar presuntamente involucrado en un robo cometido junto con otro compañero.

04/08/2015: Guido Hildemaro Pérez, 44 años, fue atacado a golpes por un grupo de personas, le mutilaron las manos y pies, le rociaron gasolina y lo prendieron en fuego. El hecho ocurrió en la urbanización Monseñor Arias de la carretera Petare-Santa Lucía por presuntamente intentar abusar sexualmente de una menor de edad.

18/08/15: Lázaro Biviano Iriarte Aguilar, 24 años, una turba de más de 30 personas lo atacaron con palos y machetes, hasta causarle la muerte en el poblado de Santa Cruz en el Estado Aragua por presuntamente dedicarse al robo de las baterías de los carros.

25/09/15: No identificado, 24 años, murió apedreado por la comunidad de Terrazas del Caipe en el Estado Barinas tras presuntamente ser sorprendido robando en una de las fincas de la zona.

8/12/2015: Javier Antonio Barazarte Azuaje, 39 años, la comunidad enardecida lo persiguió y golpeo con palos, piedras, puñetazos, para finalmente liquidarlo atravesándole de punta a punta un cañaveral por el cuello. El hombre fue linchado después de haber violado y asesinado a una anciana de 82 años en la comunidad de Valle Verde en Boconó

Ahora bien, es importante destacar que el total de las víctimas fueron hombres, con una media de edad de 28 años, y los Estados donde ocurrieron los hechos fueron Aragua (1), Barinas (1), Carabobo (1), Distrito Capital (1), Miranda (3), Nueva Esparta (1), Táchira (1), Trujillo (1) y Zulia (4). De estos casos de linchamiento el 7,14% fue motivado por asesinato, 35,7% por violación o intento de violación, el 50% por robo y se desconoce el motivo en 7,14% de los casos. Además el 35,7% de las víctimas fueron quemados vivos.

No obstante, estos hechos fueron sistemática y repetidamente desatendidos por las instituciones del Estado, legitimados por el tratamiento sensacionalista de algunos medios de medios de comunicación, así como, naturalizados y normalizados por una importante proporción de la población bajo el argumento de la inseguridad y la necesidad de justicia. Esta perspectiva favoreció y promovió su cotidianización, la recurrencia al linchamiento como mecanismo por excelencia para la resolución de cualquier tipo de conflicto social, así como, su progresivo y exponencial incremento en los años 2016 y 2017.


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