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Viernes, 22 de Septiembre de 2017

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Opinión

Lo hecho por lo dicho | Cuando lo que decimos nos construye

Con los ojos que a ellos les da la gana

Con los ojos que a ellos les da la gana
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"Si no estáis prevenidos ante los medios de comunicación, os harán amar al opresor y odiar al oprimido". Malcolm X.


Esta advertencia de Malcolm X se ha convertido en una verdadera profecía contemporánea. En mis años de investigación sobre el discurso mediático (lecturas, congresos, seminarios, conferencias, clases, artículos propios y ajenos, etc.) no conozco sino la convergencia entre los estudiosos sobre la obligación de vacunarse contra la bastardidad de mucho del trabajo que ellos despliegan. Sobre todo, mucho de su trabajo "periodístico".

En anteriores columnas me he ocupado, reiteradamente, de este aspecto. Lo hago, sí, de modo obsesivo. Sobre todo, ante el asombro permanente que me ofrece este comportamiento y los ejemplos constantes que me hacen resbalar en mi camino. Una experiencia reciente me la entregó el diario argentino "Clarín". Lo cierto es que la narrativa que ellos quieren imponer viene envuelta en algodones. El trabajo está en precisar "dónde" y "cómo" se injerta el tóxico. Su principal infección es, sin dudas, la elección de las palabras. Ahora, también, la imagen planificada, como casi todas las fotos de las protestas venezolanas. Como ya nos lo advirtió George Lakoff, el lenguaje tiene un gran poder moral. De ahí se desprende la derivancia hacia su poder político.

Considero que al referirnos al "lenguaje" que los medios (en general) usan como soporte para el discurso periodístico (en particular), hay que detenerse en esa capacidad multimodal (palabra gráfica, sonido, imagen) que ofrecen (sobre todo el digital). Por eso es necesario cazar cómo usan esta multimodalidad en la articulación de dos elementos decisivos: la presencia de una imagen (fotografía) y una nota verbal (vertida en una leyenda), con la cual se "reinterpreta" toda la imagen para orquestar la narrativa auspiciada. Veamos:

1. En Argentina...

El 24 de agosto, miles de manifestantes protestaron en Buenos Aires por la desaparición forzada del luchador social Santiago Maldonado. El titular de el "Clarín" fue este: "Marcha por Santiago Maldonado: anarquistas atacaron con una molotov al Senado bonaerense". Es así como, en Argentina, los que protestan son "anarquistas" y las bombas molotov "atacan".

a) En Argentina, las bombas Molotov provienen de un "ataque". La policía, como muestra la foto, investiga.


b) También en Argentina, pedir el fin del Estado (del gobierno) es otro "ataque".


c) En Argentina, una pancarta con las solicitudes políticas de los manifestantes es una "bandera de anarquistas" que, por añadidura, igualmente ataca.


d) En Argentina, los que atacan, los que caotizan, los que hacen lo indebido, solo son un "desprendimiento", es decir, un pedacito defectuoso de la civilidad general.


2. En Venezuela…

El diario "Clarín" fue de los más dedicados a reseñar los meses de desórdenes sociales y violencia política en Venezuela de este año. Para el "Clarín", la narrativa de estas acciones estaba enmarcada así:

a) En Venezuela, la policía claramente "ataca" a los manifestantes. Y en el fondo de la foto, para no desperdiciar nada, la pintada de "Dictadura" que, por pura casualidad, también entró en el encuadre final de la foto.


b) En Venezuela, ni los manifestantes ni las bombas Molotov "atacan". Ellos (los manifestantes y las bombas Molotov) se "enfrentan" contra aquellos que sí atacan. Claro está, foto anterior…


c) En Venezuela, los manifestantes no son "anarquistas". Son manifestantes. Por eso, no se les "dispersa", sino que son "reprimidos".


d) En Venezuela, un local, un edificio gubernamental, un quiosco, lo que sea, incendiado por los manifestantes, no fue quemado. Solo "arde". Así, espontáneamente…


e) Venezuela es el único país en que para un medio de comunicación (el "Clarín", por ejemplo), un manifestante es "miles" de manifestantes. Y no pasa nada.


f) En Venezuela, así como los quioscos "arden", los artefactos explosivos "detonan". Sin manos, ni intenciones, sin corazones que lo permitan. Con ello el verbo "detonar" se anula semántica en su necesaria presencia de la entidad animada que lo ejecute.


3. Conclusión… hasta ahora…

No hay conclusión que valga. Este comportamiento pica y se extiende. Los medios (en sus diferentes formatos, con sus diferentes recursos discursivos) no nos dan tregua. Solo quieren sus ojos. Quieren ser voz de su voz y decir que son la de otros. Autoinsisten en que son "independientes" y dependen, totalmente, de sus malas intenciones. Solo queda que los ciudadanos nos impongamos en la exigencia de mandar al basurero tanto mal designio sedicioso.

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