Martes, 19 de Junio de 2018

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Está cerca el fin de los trastornos alimenticios

Científicos consiguen desconectar el placer que da comer

Científicos consiguen desconectar el placer que da comer
El placer de comer o comer por un placer -
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  • CONTRAPUNTO
  • Miércoles, 13 de Junio de 2018 a las 11:24 a.m.

La investigación apunta a nuevas estrategias para comprender y tratar los trastornos de la alimentación, incluida la obesidad y la anorexia nerviosa. Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección: ht

Con información de la Agencia Europa Press y la revista Nature


Una nueva investigación en ratones ha revelado que el deseo subyacente del cerebro por lo dulce y su desagrado por lo amargo pueden borrarse mediante la manipulación de neuronas en la amígdala, el centro emocional del cerebro. El trabajo mostró que eliminar la capacidad de un animal para ansiar o despreciar un sabor no tuvo impacto en su capacidad para identificarlo.


Los hallazgos, publicados el miércoles pasado ( 30 de mayo) en 'Nature', sugieren que el sistema de sabor complejo del cerebro, que produce una variedad de pensamientos, recuerdos y emociones cuando se degusta la comida, en realidad son unidades discretas que se pueden aislar, modificar o eliminar individualmente juntas.


La investigación apunta a nuevas estrategias para comprender y tratar los trastornos de la alimentación, incluida la obesidad y la anorexia nerviosa.


"Cuando nuestro cerebro detecta un sabor, no solo identifica su calidad, sino que crea una maravillosa sinfonía de señales neuronales que vinculan esa experiencia con su contexto, valor hedónico, recuerdos, emociones y otros sentidos, para producir una respuesta coherente", afirma el autor principal del artículo, Charles. S. Zuker, investigador principal en 'Mortimer B. Zuckerman Mind Brain Behavior Institute' de Columbia.


El estudio se basa en el trabajo anterior del doctor Zuker y su equipo para mapear el sistema de sabor del cerebro. Previamente, los científicos revelaron que cuando la lengua se encuentra con uno de los cinco sabores: dulce, amargo, salado, agrio o umami, las células especializadas en la lengua envían señales a regiones especializadas del cerebro para identificar el sabor y desencadenar las acciones y los comportamientos apropiados.


Para arrojar luz sobre esa experiencia, los científicos se centraron en el sabor dulce y amargo y la amígdala, una región del cerebro conocida por ser importante para hacer juicios de valor sobre la información sensorial.


Investigaciones anteriores del Dr. Zuker, profesor de bioquímica y biofísica molecular y de neurociencia, y un investigador del Instituto Médico Howard Hughes en el Centro Médico Irving de la Universidad de Columbia, y otros, demostraron que la amígdala se conecta directamente con la corteza del sabor.


"Nuestro trabajo anterior reveló una clara división entre las regiones de la corteza de sabores dulces y amargos", explica el primer autor del artículo, Li Wang, investigador científico postdoctoral en el laboratorio de Zuker. "Este nuevo estudio mostró que la misma división continuó hasta la amígdala. Esta segregación entre regiones dulces y amargas en la corteza del gusto y la amígdala significaba que podíamos manipular independientemente estas regiones cerebrales y controlar cualquier cambio resultante en el comportamiento", añade.


Los científicos realizaron varios experimentos en los que activaron artificialmente conexiones dulces o amargas a la amígdala, como con el parpadeo de una serie de interruptores de luz. Cuando se activaron las conexiones dulces, los animales respondieron al agua como si fuera azúcar.


Y al manipular los mismos tipos de conexiones del cerebro, los científicos incluso podrían cambiar la calidad percibida de un sabor, convirtiendo el sabor dulce en un sabor aversivo, o uno amargo en uno atractivo.


Por el contrario, cuando los investigadores desactivaron las conexiones de la amígdala, pero dejaron la corteza del sabor intacta, los roedores aún podían reconocer y distinguir el dulce del amargo, pero ahora carecían de las reacciones emocionales básicas, como la preferencia por el azúcar o la aversión al amargo.


"Sería como darle un mordisco a tu pastel de chocolate favorito, pero sin obtener ningún placer de hacerlo --dice Wang--. Después de algunos bocados, puedes dejar de comerlo, de normal, lo hubieras engullido".


Por lo general, la identidad de un alimento y el placer que se siente al comerlo se entrelazan. Pero los investigadores demostraron que estos componentes pueden aislarse entre sí y luego manipularse por separado, lo que sugiere que la amígdala podría ser un área de enfoque prometedor al buscar estrategias para tratar los trastornos alimentarios.


En el futuro inmediato, los doctores Zuker y Wang están investigando regiones cerebrales adicionales que cumplen funciones críticas en el sistema del gusto. Por ejemplo, la corteza del sabor también se vincula directamente a las regiones involucradas en las acciones motoras, el aprendizaje y la memoria.


"Nuestro objetivo es reconstruir cómo esas regiones añaden significado y contexto al gusto --afirma Wang--. Esperamos que nuestras investigaciones ayuden a descifrar cómo el cerebro procesa la información sensorial y aporta riqueza a nuestras experiencias sensoriales".