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Sábado, 18 de Agosto de 2018

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Vida

Desde el año pasado padece por la escasez del tratamiento que necesita para vivir

Carlisbeth tiene 11 años y un riñón que su cuerpo rechaza por falta de inmunosupresores

Carlisbeth tiene 11 años y un riñón que su cuerpo rechaza por falta de inmunosupresores
- Foto: Anthony AsCer Aparicio / Contrapunto
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  • Luisa Salomón | @LuuSalomon
  • Martes, 20 de Febrero de 2018 a las 5:12 p.m.

Tres veces nos hemos encontrado a Carlos Falcón en protestas, a las que comenzó a ir cuando su hija dio indicios de fallas después de su transplante y que ahora rechaza el órgano que tanto necesitaba que le transplantaran

Cuando lo conocimos en las afueras del Hospital J.M. de los Ríos el 17 de mayo del año pasado, era funcionario público y lo acababan de botar de su trabajo por salir a protestar. Su hija Carlisbeth tenía 10 años y ya presentaba indicios de rechazo del riñón que obtuvo en un transplante, porque tenía problemas para encontrar su tratamiento.

Carlos Falcón ha sido uno de los manifestantes más constantes, elocuentes y luchadores. Tiene razones para ello: la racha de 3 años y medio sin transplantes del J.M. de los Ríos la rompió su hija en 2016, pero ese gran paso que implicaba una mejora en sus vidas, se ha convertido en una pesadilla.

Mientras muchos pacientes y sus padres claman porque doten con insumos a la unidad de diálisis del Hospital de Niños, la lucha de la familia Falcón es porque entreguen los inmunosupresores para que su hija pueda seguir viviendo.

Volvimos a ver al Sr. Falcón dos meses después, el 12 de julio de 2017, en las afueras del Instituto Venezolano de Seguros Sociales (IVSS). Allí protestaba junto a pacientes crónicos convocados por Codevida por la falta de inmunosupresores. Ya Carlisbeth cumplía un mes rechazando su órgano y, para ese entonces, él gastaba más de 600 mil bolívares mensuales solo en exámenes requeridos para evaluar su salud.

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Foto: EFE

Este martes 20 de febrero de 2017 lo encontramos de nuevo Carlos era quien dirigía la protesta en las afueras del Hospital de Niños, quien se encadenó primero a la reja del hospital y el que arengó a los padres para que exigieran ser atendidos por el director.

Foto: Anthony AsCer Aparicio / Contrapunto

Su lucha no se limita a la salud de su hija, también reclama por la de los demás pacientes, incluso por justicia ante la muerte de varios niños infectados en la unidad de hemodiálisis.

Video: @TVVnoticias

Pero algo sí fue distinto: este martes conocimos a Carlisbeth, que ahora tiene 11 años y su situación ha empeorado. De ella sabíamos que estaba enferma, que necesitaba tratamiento, que aún habiendo perdido clases había logrado mantener un muy buen promedio cuando pasó a sexto grado y que su sueño -que todavía mantiene- es poder crecer para convertirse en médico nefrólogo.

Con su tapabocas, y marcas notorias en su piel, Carlisbeth habló a la prensa, respondió las preguntas, pidió soluciones a su problema.

Foto: Anthony AsCer Aparicio / Contrapunto

También conocimos a su madre, quien le dio la segunda parte de su nombre: Lisbeth Mendoza. Juntos, viajaron desde Sanare, en el estado Lara. Vienen cada cierto tiempo a Caracas por 15 días, se hospedan cerca del hospital y llevan por ambulatorio a Carlisbeth todos los días por dos semanas para que la atiendan.

De julio pasado a este febrero han dejado de tener los inmunosupresores varias veces, pero habían conseguido cómo solucionar. "Vivimos de los milagros", me había dicho Carlos en julio, pero la magia no es fácil invocarla en medio de una crisis tan aguda.

"Nos ha ocurrido otras veces, solo que otras veces lo hemos solventado porque uno tiene, como quien dice, la reserva, pero esta vez no", comentó Lisbeth.

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Carlisbeth tiene ya dos meses sin tomar el Certican y 48 horas sin tomar los demás medicamentos. Antes movían cielo y tierra, conseguían dinero y compraban lo que podían, pero la crisis aprieta.

"Actualmente yo estoy desempleada y vivo prácticamente metida aquí en el hospital", cuenta Lisbeth.

Venir todo el tiempo desde Lara es duro para la familia, es largo y pesado, pero también es un golpe a sus bolsillos: "es costoso, porque ahorita por lo menos venirse por el terminal los pasajes es muy costoso y le exigen a uno efectivo".

Esperan que esta sea la última vez que deban protestar para que el Gobierno finalmente responda y cumpla con los pacientes, y no porque se haya hecho muy tarde para que las medidas funcionen.

Como todos los padres que protestaron este martes, la familia Falcón teme que su hija sea la próxima en la lista. No quieren que el nombre Carlisbeth Falcón sea la coincidencia entre el listado de pacientes transplantados que han fallecido por escasez de inmunosupresores y los pacientes pediátricos tratados en el J.M. de los Ríos y fallecidos también por la crisis.

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