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Domingo, 21 de Octubre de 2018

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Opinión

El ojo mecánico | De películas y otras anotaciones de un cinéfilo empedernido

Cada mujer, todas las mujeres

Cada mujer, todas las mujeres
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El Festival de Cine Francés 2018, que se inicia hoy, trae a la cartelera local un interesante drama con visos de thriller titulado “Orpheline”, que bien podría contar la historia de una mujer a través de cuatro actrices distintas

A manera de rompecabezas, el cineasta Arnaud Des Pallières (París, 1961) muestra en su más reciente película Orpheline (Huérfana, 2016), presente en la edición número 32 del Festival de Cine Francés, un juego de múltiples protagonistas. Su cinta se centra en describir cuatro momentos complicados en la vida de una mujer, pero para ello el director utiliza a igual cantidad de actrices con nombres distintos, lo cual lleva al espectador a la diatriba de no saber a ciencia cierta si lo que se está viendo es el accidentado tránsito vital de una sola mujer o el de cuatro diferentes.

Si bien se trata de un juego formal, el montaje en paralelo y el uso del flashback atan irremediablemente cada uno de los tiempos de esta historia que se enfoca su mirada, como lo han hecho muchas, sobre el tema de los conflictos personales de una mujer que ha escogido el camino (quizás, porque no tiene otra alternativa) de la libertad sexual, tanto con hombres como con personas de su mismo sexo.

Sin embargo, ese no es el único personaje del que se vale Arnaud Des Pallières para hacer su particular “radiografía” de la feminidad. Orpheline se inicia con dos historias paralelas: la de Renée (Adele Haenel), maestra y directora de una escuela pública a la que la dificultad de quedar embarazada de su pareja la mantiene al borde del quiebre, y la de Tara (Gemma Aterton), que apenas sale de la cárcel va al encuentro de Renée, a quien se acerca de manera lujuriosa en pleno salón de clases. A medida que la narración avanza, nos enteramos que en el pasado ambas estuvieron involucradas en un delito por el que solo pagó Tara. Ahora busca a su compañera porque necesita dinero y a pesar de que Renée dispone de algunos ahorros para su tratamiento de fertilidad, se ve obligada a dárselo a su antigua compañera de pillerías.

Tara es la conexión con el siguiente momento de Orpheline, que tiene como protagonista a la descarriada joven Sandra (una Adele Exarchopoulos que parece repetir las claves del personaje que encarnó en La vida de Adèle), quien pasa de un amante a otro hasta que se enreda con un hombre mayor que se dedica a la apuesta de caballos, un hombre con el que la chica mantiene una relación de dominación próxima al sadomasoquismo. Aquí, Tara juega el papel de la pareja de un apostador que le debe mucho dinero al “amigo” de Sandra.

Con una sutileza capaz de despertar el morbo en cualquier espectador de este drama con visos de thriller, Des Pallières tiene el cuidado de hacernos entender que Sandra puede ser en realidad Renée, pero en el pasado, pues ella y Tara traman estafar al viejo aportador y prestamista.

Orpheline funciona como una caja china de la que se van descubriendo historias y conexiones. Así, tras un regreso al presente, y con Renée en la cárcel, el director se permite construir dos flashbacks más; uno de ellos nos lleva a las traumáticas infancia y adolescencia de la protagonista principal, siempre encarnada por actrices distintas, pero que, en resumen, muestran la dura existencia de una chica problemática que vive fugándose de su casa y practicando una sexualidad tan desbocada como peligrosa. Una huérfana emocional a la que no le queda otra salida que comerse el mundo antes de que éste la devore a ella.

Orpheline no es un filme sencillo en cuando a la precisión de su argumento. En lo personal, y como lector, he recibido del trabajo de su autor las claves necesarias para entender que, en esencia, se trata del relato de vida de una sola mujer, a la que Arnaud Des Pallières le ha puesto los rostros de las actrices Adele Haenel, Adele Exarchopoulos, Solène Rigot y la niña Vega Cuzytek, como una manera de universalizar el drama de una mujer (Renée) sumida en el infierno de la cosificación, de la sexualidad mal entendida o aberrante, del rechazo familiar y social y de la completa marginación.

Puede ser –y he aquí la maravilla del cine– que para otros espectadores se trate de un cuarteto de mujeres cuyas complicadas existencias se unen en algunos momentos. Las lecturas siempre serán múltiples.



@juanchi62

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