https://www.somosbelcorp.com/

Lunes, 28 de Mayo de 2018

Contrapunto.com

Opinión

Cable al sur | Literatura, política, memorias y otras ficciones

Balza anterior

Balza anterior
Imagen tomada de https://megara.com.ar -

Yo también soy un individuo de números: aunque era la tercera novela que le publicaban en Monte Ávila, fue su primera obra publicada por el Club de Leones de Tucupita, en 1965, cuando tenía 26 años, aunque en algún lugar leí, o tal vez me contó, que la escribió a los diecinueve...

"¿Sabías que cuando ingresas a la Academia Venezolana de la Lengua, aunque te nombran individuo de número, en realidad te asignan una letra?" Tal vez un mal chiste, pero una buena excusa para hablar sobre una amistad entrañable

Sí, por fuera parece un espacio más próximo al siglo XIX que al XXI, pero el Palacio de Las Academias, de Ceiba a San Francisco, alberga en su interior, en el espacio ocupado por la Academia Venezolana de la Lengua, un salón subterráneo con las mismas dimensiones del Centro Espacial Houston, lleno de monitores donde los individuos de número siguen los distintos movimientos de la lengua: entrada y salida de anglicismos, neologismos chavistas, flujogramas con el movimiento, incrementos y más incrementos, de las faltas ortográficas en educación media, etc. Vemos pasar a Ana Teresa Torres, Rafael Arráiz, José Balza y Teresa Coraspe, todos con bragas caqui y su letra asignada en la espalda, una gorra con visera y las abreviaturas AVL. Uno de ellos sube corriendo hasta el despacho del presidente de la Academia, interpretado en esta historia por Ed Harris, y en la versión argentina por Ricardo Darín (¿quién más?), y le dice que los verbos transitivos no han vuelto, y que hay un extraño movimiento de irregulares. Di Caprio aprieta un botón que enciende los altavoces y anuncia: “¡Todos a sus puestos libreta en mano! ¡Esto no es un ejercicio narrativo!”. Y el resto de la historia puedes seguirla en Netflix, o en tu gramática castellana preferida.

¿Sabías que cuando ingresas a la Academia Venezolana de la Lengua, aunque te nombran individuo de número, en realidad te asignan una letra? Cuando me enteré de esta paradoja y que a José lo habían ingresado –sí, la cosa tiene algo de clínica– en la academia, lo cual aceptó, enseguida le escribí felicitándolo y aproveché para preguntarle si le habían asignado la letra “d”. Parece que no y es probable que no haya sido el único en hacerle ese chiste entonces.

Debe haber sido el último intercambio de correos que tuvimos, el siguiente será para avisarle de la publicación de esta nota que no surge del azar ni del temor de que nuestro amigo en cualquier momento haga mutis por el foro (tal como están las cosas es más probable que yo me vaya antes y sí, déjame el pañuelo ahí, a mano, junto al piano de cola).

Porque el azar no existe.

Me explico. Poco antes de venirnos preparamos seis cajas con los libros que íbamos a traer, entre los que estoy seguro deben estar al menos tres novelas de José y un libro de ensayos; estas cajas debían salir por correo, pero todavía siguen metidas en un depósito en la Gran Sabana. Por otro lado, en el equipaje se colaron 25 libros que en su mayoría viajaron con nosotros por casualidad y donde los únicos títulos de autores venezolanos eran uno de Ana Teresa Cifuentes, dos de Montejo y Pasaje de ida, la compilación de Silda Cordoliani sobre los escritores venezolanos que se fueron para no volver. Nada de José, a pesar de tener en nuestra biblioteca por lo menos una docena de sus títulos, desde Narrativa: instrumental y observaciones hasta un tomo de las obras completas publicadas por la UCV (el de sus cuentos).

Pero al llegar al apartamento de la familia que nos acogió en Buenos Aires, en la pequeña biblioteca había un ejemplar de la segunda edición en Eldorado de la primera novela de José Balza, Marzo anterior.

Yo también soy un individuo de números: aunque era la tercera novela que le publicaban en Monte Ávila, fue su primera obra publicada por el Club de Leones de Tucupita, en 1965, cuando tenía 26 años, aunque en algún lugar leí, o tal vez me contó, que la escribió a los diecinueve –o sólo lo estoy inventando para que coincida con–, la misma edad que yo tenía cuando lo conocí en la Escuela de Letras de la ULA, en 1979, y cuando debo haber hecho mi primera lectura de esta novela, seguramente adquirida en la librería Lido de la Central Madeirense de El Marqués, aunque también es posible que ya ese libro estuviera en la biblioteca de la casa, adquirido por Néstor, mi hermano mayor, junto con Las hogueras más altas, de González León y Al sur del Equanil, de Renato Rodríguez, y que lo que compré en la Lido esas vacaciones haya sido D, que acababa de ser publicada.

Cuarenta años después vuelvo a sorprenderme con la complejidad, inteligencia y belleza de esta novela corta, precedida por una elegante y breve introducción de María Fernanda Palacios, donde se esbozan imágenes y contenidos que se desarrollarán en sus posteriores novelas: Largo, Setecientas palmeras plantadas en un mismo lugar, D, Percusión, 1/5, Medianoche en video, Después Caracas y El hombre de aceite; que junto con sus “ejercicios narrativos” más breves conforma el corpus narrativo más importante y sugerente de la segunda mitad del siglo XX literario venezolano (que a semejanza del XIX, ha decidido prolongarse en el XXI), como se evidenciará cuando pasen estos malos días y los investigadores y críticos puedan sentarse nuevamente en el cafetín de Ingeniería de la Central a comerse una empanada, tomarse un marroncito y reevaluar la narrativa venezolana bajo una luz menos oscura que la actual.

Es verdad que yo no puedo ser muy imparcial. Tengo la suerte de haber sido su amigo desde el precámbrico (78 o 79) y mi deuda con él es enorme: desde las lecturas de Mann, Huxley, Proust, McCullers, Sterne, y esa extraordinaria obra y experiencia de vida que es la lectura de El tiempo y el río, de Wolfe (me asusta un poco volver a leerla y que ya no tenga el mismo efecto de esas noches en San Ignacio, porque no se lee dos veces el mismo libro, y el río es uno), hasta el reconocimiento y la revalorización de la herencia literaria venezolana: Meneses, De La Parra, Cadenas, Montejo, Garmendia. Su influencia fue más allá de la literatura y aún hoy lo asocio con lo poco que sé y mi gusto por Mahler, Schönberg, Stockhausen, Villalobos, Telemann o Schubert.

Y quizás éste sea el momento menos adecuado u oportuno para decirte que nunca me gustó la Cantata Criolla, que lo que hizo Estévez fue un desastre pretencioso cuyo único mérito es que te empuja a escuchar Florentino y el diablo en su versión tradicional, y a leer el poema de Arvelo Torrealba, aunque me alegra haberla escuchado, gracias a ti.

Si no te hubiera conocido es poco probable que hubiera hecho contacto y amistad con Humberto Mata, Armando Navarro, con Silda Cordoliani. No hubiera entrado a trabajar en Monte Ávila Editores, donde además de un montón de escritores y poetas tuve la suerte de encontrar a Maite, y no habría terminado con ella y dos adolescentes a la deriva en esta megalópolis del cono sur.

Y de no ser por tu apoyo no me hubiera embarcado en este accidentado camino de la escritura, que literariamente quizás no me haya conducido a ninguna parte, pero que como experiencia vital ha sido extraordinaria, llena de sinuosidades como ésta, que me han llevado de nuevo a leerte en medio de una larga noche porteña:

“Horas de insomnio inútil. Acababa por entrar en un grado inesperado de desesperación. Nada había logrado: miles de rostros nuevos, míos, regresaban o aparecían con la posibilidad de proyectarse en el futuro. No puedo rememorar todo aquel tiempo agobiante, me preparo para un nuevo comienzo, y de hecho he aceptado cualquier deformación. Desaparezco de esta región, acabaré con un mundo que, sin embargo, casi no existió porque estuvo dentro de mí. Marzo está sobre el río; ya no quedará ningún marzo anterior. Vienen inusitadas horas y sugerencias desconocidas.”

Lee también en Cable al sur | Literatura, política, memorias y otras ficciones: Chipok paperuton (Los papeles de Cabello) | Pero no bombardeen Bello Monte | De legados y sucesores | Un cuento de año nuevo hecho con muchos años viejos |


Las opiniones emitidas en esta sección son responsabilidad de los columnistas. Su publicación no significa que sean compartidas por Contrapunto.com.

Contrapunto.com respeta y defiende el derecho a la libre expresión, pero también vela por el respeto a la legalidad y al uso de un vocabulario libre de insultos y de contenidos inapropiados a la luz del sentido común y las leyes. En consecuencia, nos reservamos el derecho de editar o eliminar los textos o comentarios que incurran en estas situaciones.

http://www.contrapunto.com/noticia/suspiros-y-galletas-dulce-antojo-coloniero-103816/