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Miércoles, 26 de Abril de 2017

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Opinión

La duda melódica

Bachaqueros embraguetados

Bachaqueros embraguetados
Ilustración: Rodolfo Linares -

Según un viejo dictamen popular venezolano, justamente porque vamos en contrasentido, somos expertos en hacer girar las normas que nos desfavorecen para ponerlas de nuestra parte.

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  • Luis Barrera Linares
  • Domingo, 02 de Agosto de 2015 a las 5:46 a.m.

Acerca de las “braguitas” color naranja que habrán de vestir los vendedores informales de Puerto Cabello

Mi tía Eloína no cesa de repetir que llevamos algún tiempo viviendo en un país al revés. Como si un día alguien con el poder suficiente para trastocar las bases fundacionales del territorio hubiese decidido poner todo en reversa y modificar de esa manera la visión que tenemos del universo, voltearnos de modo que siempre estemos mirando hacia abajo, comiendo hacia afuera, caminando de cabeza, para no citar otras imágenes tan gráficas como impactantes.

Y así vamos (con el esqueleto por fuera y la musculatura por dentro), cuando de pronto nos topamos en la tele con una curiosa declaración del actual alcalde de Puerto Cabello. El burgomaestre hizo pública para todo el país su resolución según la cual ha concebido una sanción ejemplarizante que busca castigar el bachaqueo con penalizaciones de película. Todo buhonero que fuere pillado vendiendo en algún puesto callejero y a precios exorbitantes productos regulados será catalogado como infractor y, en tal sentido, obligado a ofrecer algún servicio comunitario. Pero… además de ponerlo a exhibirse públicamente, debería vestirse con una braga de color anaranjado chillón “para que todo el mundo visualizara — dijo el alcalde— la ilegalidad de sus actos”. Una posibilidad de ejecución de tal castigo sería, por ejemplo, barrer en la misma zona donde se haya cometido la infracción.

Varios funcionarios municipales indagan además acerca de la llamada bachaquería virtual. Es decir, día y noche se dedican a pescar en el río revuelto de las redes sociales a quienes no se aposentan en las calles sino que distribuyen los productos a través de los anaqueles de la Internet. “Nosotros como gobierno —ha expresado enfáticamente el gobernante— iremos hasta las casas de los revendedores de productos por Facebook para ponerles (también) la braguita naranja.” Adicionalmente, ha solicitado a los medios locales espacios en las páginas iniciales de los diarios, a fin de que se exhiban las fotografías de los castigados en el cumplimiento de la penitencia.

Según un viejo dictamen popular venezolano, justamente porque vamos en contrasentido, somos expertos en hacer girar las normas que nos desfavorecen para ponerlas de nuestra parte. Pues precisamente eso ha ocurrido con el edicto de marras. Comentan algunos habitantes de la comarca portocabellense que, curiosamente, la mayoría de los comerciantes informales masculinos del lugar ha aceptado sin muchos titubeos la propuesta del alcalde, porque, según ellos, la sanción podría servir igualmente de recurso publicitario para aumentar posteriormente las ventas.

En consecuencia, mi parienta se atreve a ofrecerle un sano consejo al jefe del ayuntamiento de donde emanó el edicto. Imagine usted qué ocurriría si se hubiese aclarado en tan singular proclama municipal que la palabra “braga” no tiene un único significado en español. De acuerdo con el Diccionario de Americanismos (2010), en Venezuela significa “prenda de vestir de una sola pieza que consta de cuerpo y pantalón…”. No obstante, según el Diccionario de la lengua española (DILE), el mismo vocablo tiene, entre otros, un significado que no es nada masculino y que seguramente desconocen los alegres comerciantes informales: “prenda interior femenina…”. Es decir, lo que en Colombia, México y Venezuela, no llamamos bragas sino pantaletas.

Sigamos imaginando y pensemos en la foto en primera plana de un buhonero de esos que se consideran hombres machos varones masculinotes haciendo labor de jardinería en un espacio público, vestido solamente con unas diminutas braguitas anaranjadas. Dicha alternativa ofrecería además la posibilidad de que las imágenes sean puestas a circular por las redes sociales en las cuales los infractores anuncian sus productos. Para las damas buhoneras, obviamente el recurso deberá ser otro. Quizás proceda vestirlas, a ellas sí, con bragas de mecánico cerradas hasta el cuello y bien anchas, para evitar malentendidos; ellos, al contrario, con las otras, chiquiticas, para que les dé vergüenza mostrarse de ese modo. Más ejemplarizante, imposible. Y el hecho hasta podría servir de atractivo turístico.

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