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Domingo, 19 de Agosto de 2018

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Arte y Cultura

Desde una óptica ciudadana y personal la escritora buscó darle un orden a nuestra memoria reciente

Ana Teresa Torres: Me propuse mostrar la destrucción republicana y humana de Venezuela

Ana Teresa Torres: Me propuse mostrar la destrucción republicana y humana de Venezuela
Escribe en primera persona un relato, construido desde su mirada, el cual comparte con otros para que lo completen con las suyas - Fotos: Jonathan Lanza - Contrapunto
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  • José Gabriel Díaz
  • Jueves, 09 de Agosto de 2018 a las 12:04 a.m.

Este jueves 9 de agosto lanzará su más reciente libro "Diario en ruinas", obra que se estructura en distintos géneros: diario, memoria, crónica, testimonios, para armar un relato de lo que han sido los últimos 20 años en la Venezuela de la Revolución

Ana Teresa Torres cierra una etapa en su vida de escritora con la publicación de un nuevo libro, el número 24. Esta vez la destacada escritora, intelectual, psicóloga y psicoanalista aborda la realidad de Venezuela, como tantas veces lo ha hecho, solo que a modo de "ropavejera", esto es: recolectando piezas que, unidas, dan sentido a un rompecabezas con el que espera descubrir, o más bien recordar, las cicatrices de un país que se desmorona a pedazos.

Siguiendo un orden cronológico, a partir de una línea de tiempo, Torres apila alrededor de 20 años en un relato que exhibe aspectos de la historia del país, todos ellos con la particularidad de haberla tocado profundamente.

Un viaje que parece turbulento, a juzgar por sus reacciones, con el que espera sacudir el recuerdo de quienes han perdido la memoria. Contrapunto ha querido remover también esa memoria y reflexión de la escritora con una entrevista en ocasión de la presentación de este nuevo aporte escritural de Torres.

—Este jueves 9 de agosto lanzará su más reciente libro Diario en ruinas. ¿Qué me puede contar de este aporte?

Diario en ruinas viene siendo el titulo número 24 de mi producción entre obras de ficción y no ficción. En este caso la escritura se estructura en distintos géneros: diario, memoria, crónica, testimonios, para armar un relato de lo que han sido estos años.

—Tengo entendido que la publicación nace producto de una investigación realizada entre 1998 y 2017. ¿Cómo fue y cuánto tiempo le llevó esa búsqueda? ¿Qué metodología empleó para desarrollar su análisis?

—Más que una investigación es un registro de lo sucedido en este tiempo, o por lo menos de lo que más me impactó personalmente. Los métodos para armar ese registro fueron varios. Utilicé mi archivo personal, notas de prensa, documentos, búsqueda por internet de los acontecimientos, lecturas. Para desarrollarlo seguí un hilo estrictamente cronológico, agrupando los textos por años, meses y a veces días, de manera de construir una secuencia ordenada que permita situarse en los distintos momentos y comprender la secuencia de los hechos y las consecuencias de los mismos. Han ocurrido tantas cosas en estos 20 años que a veces nos sentimos perdidos en medio de esa información. Lo que pretendía era precisamente contribuir a darle un orden a nuestra memoria reciente. Por cierto, no está escrito en tiempo real sino reconstruido. En resumen, comencé en 2014 y finalicé a principios de 2018.

—¿Que tipo de información y tono comparte con el lector esta vez? ¿Cuál es la idea central de la obra?

—El tono es variable, a veces muy personal, íntimo, otras informativo, o ensayístico, pero siempre busca hablarle muy cerca al lector porque escribo en primera persona y la idea central es precisamente esa, entregar un relato construido desde mi mirada, que puedo compartir con otros para que lo completen con la suya.

—¿Qué aspectos políticos y sociales se reflejan en ella? ¿Al final ofrece alguna predicción de lo que vendrá o por el contrario deja abierta una interrogante?

—No ofrezco predicciones, no las tengo. Por fortuna la historia da muchas vueltas y el destino puede cambiar. En cuanto a los temas políticos y sociales son esenciales en el libro. Me propuse precisamente mostrar desde una óptica personal y ciudadana la destrucción republicana y humana de Venezuela, enfocándome en las coyunturas más significativas, pero por supuesto no es posible tomarlas todas. Es muy importante el registro que se viene haciendo desde distintas perspectivas (jurídica, histórica, económica, social, legislativa, de derechos humanos, de violencia) que al final darán una idea cabal de la destrucción del país en estos años y quizás las claves para su recomposición.

—¿Después de esta obra ya viene trabajando en otra? ¿Qué puede adelantarme?

—Tengo algunos apuntes para una novela de ficción distópica que sigue la línea de Nocturama, pero por el momento Diario en ruinas consumió la mayor parte de la escritura de estos últimos años.

El intelecto: un bien menospreciado que construye país

—¿Un intelectual hace catarsis llevando a su terreno (poética, narrativa, dramaturgia, cuentística) lo que ocurre en la calle o por el contrario prefiere refugiarse en una producción más ficcional para no perder la cabeza y sucumbir ante el estrés?

—En realidad pueden ocurrir las dos cosas. La necesidad de dar cuenta de lo que se está viviendo y la necesidad de evadirse. Yo estoy más bien en la primera situación, y me evado de vez en cuando a través de libros de otros, de filmes, series de televisión.

—Hoy ¿cuál considera es la voz de los intelectuales y cuáles son sus alcances? ¿Existe un discurso común? ¿Les ha tocado mutar para sobrevivir?

—La voz de los intelectuales ha estado siempre presente en lo que acontece en el país. Creo que esto se podrá ver muy claramente en este libro en el que destaco todas las acciones y manifestaciones que pude recordar, y se incluyen algunos documentos de la época. Sin embargo, la voz de los intelectuales es siempre de alcance limitado, no tiene el poder de difusión y penetración de otros mensajes. En términos generales se pueden distinguir dos discursos claramente diferenciados, el de quienes hemos sostenido una posición de defensa de la democracia liberal (que no quiere decir de “derecha”, sino de respeto por las leyes republicanas) y el de quienes han sostenido el discurso de la revolución bolivariana. En cuanto a la mutación, evidentemente se han producido cambios en la vida de los intelectuales, lo más notorio es la diáspora de escritores y artistas por razones económicas.

—¿Considera que ha mermado la publicación de obras en tiempos de crisis? ¿Qué tipo de temáticas suelen ser las más populares entre los escritores?

—Las publicaciones han disminuido, sin duda. Las causas son estrictamente económicas, no por falta de recursos creativos ni de escritores con material publicable, tanto veteranos como nuevos talentos, pero el costo de producción y por lo tanto de venta de los libros es la mayor parte de las veces un obstáculo infranqueable. Hemos perdido editoriales y librerías, y en cierta forma lectores, no porque no existan sino porque no pueden adquirir los libros. En cuanto a las temáticas, me parece que en este momento predomina el gusto por la crónica, que es un modo de registrar la vida cotidiana dentro de las circunstancias del país.

—¿Hasta qué punto siente que existe la censura? o ¿Es más bien una autocensura la que limita participación del gremio?

—En mi criterio no existe ni censura ni autocensura en los libros de los escritores. Otra cosa son los medios de comunicación, que por razones obvias son vigilados y con frecuencia perseguidos.

—Los intelectuales son personas con una sensibilidad especial en percepción, discurso y herramientas para entender la vida e incluso proyectar y predecir lo que vendrá. En este sentido ¿qué pasará en el plano intelectual venezolano, digamos en los próximos cinco años?

—Muy difícil la respuesta porque no puedo saber lo que ocurrirá en Venezuela en los próximos años. En el plano intelectual pudiera suponerse una fractura de la producción venezolana, es decir, entre la que elaboren los que están adentro y los que están afuera. Para los que están adentro sin duda el panorama es de disminución, ya lo estamos viviendo con el éxodo de profesores y alumnos universitarios, la precariedad de la publicación académica, la desconexión con la información científica y humanística que se produce en otros países.

—Mi padre es profesor universitario jubilado, pese a ello continúa dando clases. Su vida es leer, estudiar y hacer cursos online en diversas áreas de la salud, para estar al día. Pero con todo y eso pareciera que es una constante desestimar los aportes académicos en la construcción del futuro. ¿No debería ser el conocimiento impartido el bien mejor pagado y apreciado?

—Sin ninguna duda. Y lo que tenemos es el éxodo de maestros y de niños de las aulas porque ni los primeros pueden sustentarse con sus sueldos, ni los segundos tienen recursos familiares para que los envíen a la escuela. En los países de democracias avanzadas los maestros y profesores constituyen una profesión respetada y bien pagada, y los logros educativos se consideran la mayor riqueza de la sociedad.

De cara a un futuro incierto, crisis social y colapso

—¿Y en el social, en la salud o en la nutrición? ¿Cómo serán las generaciones por venir? Hace poco más de un año aseguró que Venezuela vivía un apocalipsis, pero no es acaso una condición reiterativa por aquello de que la pobreza siempre ha estado allí como una sombra entre nosotros, incluso amarrada a la idiosincracia del rebusque, donde hasta los más ricos la aplican para tener más ¿no? ¿Al final no terminamos siendo todos pobres?

—La destrucción social que está ocurriendo en Venezuela no es necesario predecirla ni suponerla, de una vez podemos localizarla. No soy experta en estas materias pero pueden consultarse las diferentes encuestas sobre el particular, especialmente las encuestas Encovi, para saber los niveles de pobreza en que está sumida una gran mayoría de los venezolanos. Tampoco soy experta en materia de salud y nutrición pero allí están las cifras de organizaciones como Cáritas, para comprender lo que ocurre.

La desnutrición afecta a toda la población pero en la infancia sus efectos son letales. Dependiendo del grado y de la edad, los deterioros cognitivos, lingüísticos y motores pueden ser irreversibles, parcialmente reversibles o reversibles. Tenemos al menos dos generaciones dañadas en su base física y esto supone futuros adultos, en el caso de que sobrevivan, con discapacidades intelectuales y físicas. Tampoco hay que ser un experto para saber el estado de las clínicas y hospitales y la falta de insumos médicos y medicinas. Es incalculable el número de fallecimientos prematuros o prevenibles. Luego está la situación de las madres y los recién nacidos, el alto grado de mortalidad que se produce en los partos; la aparición de enfermedades erradicadas. En fin, no hay que esperar el futuro para saber la destrucción humana que enfrentamos.

Y podríamos añadir, la ausencia de transporte público que condena a muchos a trasladarse en las llamadas “perreras”, que ya han dejado un buen número de víctimas; los niños y ancianos abandonados; las familias desarticuladas por el éxodo; la violencia que se expresa en crímenes brutales; la situación del ciudadano expuesto a sus propios medios sin la protección de la ley. Si esto no es el apocalipsis, se le parece.

Tengo edad para haber visto varias Venezuelas, y sin duda la pobreza ha estado presente en todas ellas, pero el grado de miseria, descomposición social y deshumanidad que se vive hoy no es un fenómeno común ligado a nuestra idiosincrasia, sino el resultado de una política sin compasión que solo persigue la permanencia en el poder a costa de lo que sea.

—¿Qué valores se fomentan hoy?¿Qué nos espera? ¿Cómo será el país en el futuro?

—Para que una sociedad progrese es necesario asentar valores ligados al esfuerzo, a la educación, a la verdad, al respeto a la ley. No veo que sean esos los valores que se están fomentando, sino más bien un discurso que exalta el odio, la venganza, que achaca los males propios a instancias externas, y que castiga el progreso de los individuos y de las familias bajo la idea de que mejorar las condiciones de vida y enriquecerse es negativo, mientras que educa a la gente en la cultura del “bono”.

—¿La crisis nos ha vuelto personas más creativas o es una norma de la supervivencia?

—La crisis puede haber empujado a algunas personas a crear nuevas oportunidades, pero son una minoría. La mayoría queda en la inercia de la supervivencia, por las buenas o por las malas.

—Usted que se quedó en Venezuela, seguramente, ha visto en estos años surgir nuevos talentos en medio de la diáspora. ¿Qué ocurre con esos venezolanos que se quedaron y que siguen luchando desde sus trincheras?¿Son acaso menos importantes que los que se fueron? Por aquello de que siempre se habla de fuga de talentos pero no del nacimiento de nuevos venezolanos capaces.

—He visto a través de las redes sociales que hay una cierta confrontación por los valores de los que se van y los que se quedan. Me parece absurda. Se ha ido gente valiosa y se ha quedado gente valiosa. Cada quien sigue su lucha desde donde decide o puede hacerlo, en Venezuela o en cualquier otro lugar del mundo. No nos hace mejores o peores venezolanos nuestro lugar de residencia, capaces o incapaces quedamos en las dos orillas.

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