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Miércoles, 14 de Noviembre de 2018

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Entrevistas CTP

Martín lamenta profundamente la muerte de su amigo

Américo Martín: Teodoro Petkoff se convirtió en una leyenda de democracia y convivencia

Américo Martín: Teodoro Petkoff se convirtió en una leyenda de democracia y convivencia
- Fotos: Miguel Hurtado / Contrapunto
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  • Emma Sánchez Álvarez
  • Domingo, 04 de Noviembre de 2018 a las 12:14 a.m.

"Como el Cid Campeador, Teodoro después de muerto seguirá dando batallas", dijo el político

Para el abogado, escritor, político y exguerrillero Américo Martín, la muerte de Teodoro Petkoff fue una noticia triste, lamentable e irreparable. “Para mí, la muerte de Teodoro no es solo la pérdida de un hombre de pensamiento y de acción al servicio de Venezuela, sino también de un amigo personal de primera línea”, agregó.

Claro que la pérdida de Teodoro es irreparable, pero por otra parte, la fuerza de la causa que representó lo superará y hay muchas personas que seguirán, que venían siguiéndolo desde hace tiempo.

Foto: Katherine Dona / Contrapunto

—¿Cuál es el legado de Teodoro Petkoff para Venezuela en el ámbito político?

—Falleció de una manera esperada por su larga enfermedad, pero inesperada para quienes fuimos sus amigos. Hubiéramos querido que disfrutara de una vida mayor y de los objetivos históricos por los cuales ha luchado. Su influencia se ha convertido nacionalmente en una leyenda de democracia, de convivencia y de una salida rápida del país en términos de democracia y libertad, pero al mismo tiempo sin extremar las cosas para llegar a una confrontación cruenta, sangrienta. Mientras más se evita que el tránsito hacia la democracia se exceda en términos de violencia, de sangre y de persecución y venganza; mejor será el cambio. El cambio es lo principal en este momento porque el país no soporta más. Pero la forma como cambie también es importante, no es necesario pagar un tributo muy alto para arreglar los problemas que el país tiene y que son insoportables, que no tienen precedentes.

—Teodoro Petkoff fue un hombre de izquierda, sin embargo, en sus últimos años participó en el Gobierno de Rafael Caldera y cambió esa visión hacia el centro.

—Teodoro Petkoff, al igual que los de su generación, venía de una renovación del proceso que sigue el mundo. La democracia no es un concepto fijo e invariable, sino que es un movimiento de percepción constante, eso obliga a que la actitud de los políticos que están comprometidos en la búsqueda de una ampliación de la democracia esté también readaptando sus conocimientos, ampliándolos y reflexionando sobre ellos. El ejercicio de la dirección política debe ser un ejercicio de acción y de pensamiento permanentes, en la forma más comprometida y desinteresada que pueda uno imaginar.

Foto: Katherine Dona / Contrapunto

—¿Cuándo sintió usted que Teodoro estaba tomando ese rumbo?, ¿lo habló con él o en cierta forma intercambiaron ideas acerca de ese futuro de Venezuela?

—Eso no es una acción súbita, eso es un proceso parecido al que nos llevó a nosotros a una acción muy equivocada, que fue la lucha armada. Pero no podemos renegar porque todo lo que hicimos en la vida ha sido por un compromiso de piel para defender lo que entonces creíamos. Lo asumimos con ética, con grandes ambiciones democráticas, pero que no se correspondían con la realidad y por eso había que hacer una crítica profunda. Esa causa fue lenta porque los procesos que cubre la política son muy extensos. Fue lento pero invariable. Por eso hablaba siempre de democracia en movimiento, porque Teodoro representó lo que representamos nosotros, la democracia en movimiento, no la democracia estancada, plagada de vicios, de úlceras y de llagas, sino una democracia en proceso constante de renovación. Por supuesto, este es un proceso que no tiene fin, durará todo lo que dure la vida de los protagonistas, y después de muerto se continuará esta lucha. Me preguntabas qué pasa ahora que muere Teodoro, si estás hablándome del propio Teodoro, te puedo decir que la causa que el representa no va a dejar de crecer, por el contrario, tenemos oportunidad de reflexionar más y de aprovechar más el potencial de cambio que tiene este país para superar la tragedia que está viviendo Venezuela y producir un cambio muy sustancial hacia la democracia. Puedo decirte que, como el Cid Campeador, Teodoro después de muerto seguirá ganando batallas, de alguna manera o la ganamos nosotros, la gana el país que espera una salida densa, profunda, completa y al mismo tiempo, pagando el precio menos alevoso.

—¿Qué aspecto de la vida de Teodoro Petkoff marcó en usted una huella?

—Varios momentos, pero todo estaba condicionado por la catarsis de reflexionar, de admitir los errores y de superarlos, y no de admitirlos para repetirlos como hizo Mao Tse Tung, que hizo una autocrítica muy fuerte en su primer libro y esa autocrítica lo condujo a cometer los mismos errores y agravados. De manera que, no se trata de no reconocer los errores para volverlos a cometer de una manera más profunda y más grave, sino reconocerlos para propiciar el cambio. La idea del cambio de uno como persona y del país como entidad es decisivo para aplicar la política, que no puede ser dogma, ni de actitudes hieráticas, y no puede estancarse. No debemos confundir la perseverancia con la tozudez. Solo los que no cambian, quienes no están dispuestos a cambiar y a reflexionar están condenados a repetirse, a aislarse, y a ser rechazados por la colectividad que, también, aunque vaya un poco más lento, va aprendiendo de los errores cometidos. Hay un punto importante en el socialismo que está muy asociado a Teodoro, él fue el primer político que lo dijo públicamente, cuando habló desde el socialismo y entonces estaba ubicado; habló del socialismo de rostro humano, del socialismo democrático. Esa idea, postulada por él, generó un rechazo del primer ministro soviético que lo consideró un traidor. Para nosotros, el punto está en que después de Teodoro surgió el eurosocialismo. Quien por primera vez mencionó el socialismo de rostro humano, fue Teodoro Petkoff, eso es un mérito muy grande y muy importante en su reflexión teórica.

—Teodoro Petkoff fue cuestionado en algunas oportunidades, una de ellas, cuando fue ministro de CORDIPLAN, porque se encontraba con dos Teodoro, ¿de qué forma puede conjugarse todo lo que hizo en su vida con lo que terminó siendo?

—En este caso te repito, en su esfuerzo de cambio y de renovación de las ideas y de no rendirse a los tabúes que tanto dogmatizan, detienen y frenan las posibilidades de cambio. Ese esfuerzo es muy intenso y va a extenderse mucho. El punto es ese, uno no puede quedarse estancado, tiene que continuar. La condición de la innovación en política es esa, si no cambias, pereces. Pereces como idea, como movimiento y haces perecer a tu propio país.

Foto: Miguel Hurtado / Contrapunto

—Petkoff era un hombre del diálogo. ¿Por qué razón con ese background que nos dejó, la oposición no ha podido tomar parte de sus ideas para convertirlo en algo fructífero para los venezolanos?

—No sé cómo decirlo. Claro que la pérdida de Teodoro es irreparable, pero por otra parte, la fuerza de la causa que representó lo superará y hay muchas personas que seguirán, que venían siguiéndolo desde hace tiempo trabajando en la misma dirección. La cuestión es que vivimos un momento de confusión. Por la vía de un régimen que nos ha conducido a una tragedia inmerecida y sin precedentes, en todos los sentidos, en el económico, político, social, en el sentido de la democracia y la libertad, del estancamiento y retroceso económico, del deterioro cultural del país. Una tragedia que se expresa mucho en la diáspora y requiere llevar adelante cambios en la teoría, cambios en la concepción, en la manera de enfocar la política y el primero de ellos es no entronizar la idea de que la solución se consigue exterminando al contrario. Se resuelve reunificando el país, no confundiendo la justicia, que es necesaria; no se puede permitir la impunidad, con la venganza y la persecución de presos de conciencia de modo que los antiguos perseguidos se conviertan ahora en perseguidores.

Este ciclo no puede repetirse al revés, tiene que ser una superación que produzca un avance consistente de la conciencia de la gente. Un poco como lo que ocurrió el 23 de enero del 58, no se trata solo de salir de una dictadura, se trata de que como consecuencia de eso se produjo un avance en el espíritu de la gente, por eso es que se hablaba del espíritu del 23 de enero, que no fue solo un hecho material, fue también un hecho espiritual que se ve en la posibilidad de funcionar dentro de la diversidad.

Somos distintos, pero tenemos una causa común que es el país, la democracia, la perfección de sus instituciones, Esa causa común es la que obliga a practicar políticas de unidad sin exigir a los demás que pierdan sus principios. Es la unidad de la diversidad, como fue el 23 de enero y como va a ser o está siendo el cambio para la unidad que se perfila en el horizonte, que está pintado en la pared como aquella letra bíblica de Baltazar: "Tu reino de decadencia desaparecerá y aparecerá un nuevo reino de prosperidad y de democracia y libertad".

—¿En qué año y cómo conoció a Teodoro Petkoff?

—Teodoro es mayor que yo, el me lleva 6 años pero aún así, en las luchas políticas no preguntan edades. Nosotros pertenecimos a un momento de renovación de ciertas estructuras decadentes y dogmáticas, la estructura del socialismo como el marxismo-leninismo, como ideología cerrada, como dogma o tabú intocable. Nos encontramos en la política en los años 50, luego vino la reforma profunda en el campo socialista por la que se decidieron entre un dogma y el otro. En esa lucha muy intensa desde el punto de vista ideológico, nos conocimos. Personalmente, aunque nos conocíamos sin habernos visto, nos hicimos amigos y compartimos muchísimo en 1957. Fueron unos momentos intensos, los dos fuimos presos en el Cuartel San Carlos junto con Alfredo Maneiro, y los tres reflexionamos muchísimo sobre qué hacer con el socialismo, qué hacer con el marxismo, cómo superar esas entidades, esos vejestorios anacrónicos y qué tipo de concepción usar, y llegamos a la conclusión de que la democracia tenía una puerta no explorada y teníamos que desplegarla, en la lucha democrática nos reencontramos otra vez y decidimos trabajar juntos. A partir de allí se produjo lo que llamamos la solidaridad de las trincheras, es decir, en la lucha común se estrecharon nuestras relaciones personales.

—¿Qué significó para Teodoro el MAS, que fue su creación?

—Él era un luchador de la causa que cada vez conoció mejor, lo que pasa es que la edad no perdona, la que tenía él y la que tengo yo, nos resta capacidad de movimiento, pero nos suma capacidad de reflexión y de conocimiento. O sea, hay que utilizar el activo que uno tiene, que es la experiencia adquirida y el incesante estudio de la realidad para proceder, porque la realidad tiene que medirse no sólo por golpes de acción práctica, dando gritos y alaridos y sustituyendo la reflexión teórica y lo que hay que hacer por gritos desmesurados.

Lo que llaman radical, que por cierto el término está mal empleado porque radical es el que toma los problemas por la raíz y para poder tomar los problemas por la raíz se debe ser muy reflexivo, tiene que ir al fondo. Pero se utiliza eso para divulgar una tendencia a sustituir el pensamiento por el grito, y eso nosotros lo superamos mucho y estábamos combatiéndolo y seguiremos combatiéndolo. Los que vengan después de nosotros seguirán combatiéndolo porque al final se impone la corriente histórica, la verdad y esa verdad ya sabemos para dónde va.

—El Movimiento al Socialismo fue un partido creado por Teodoro junto con otros grandes hombres de izquierda, ¿qué significó este partido para Teodoro Petkoff?

—Lo primero es que esa concepción de izquierda y derecha se ha puesto en duda, pero se sigue aplicando porque es cómodo desde el punto de vista periodístico; es muy fácil decir "este es de izquierda, este es de derecha", pero resulta que a la hora de hurgar en los pensamientos se encuentra uno con que hay coincidencias profundas entre los que dicen ser de izquierda y los que dicen ser de derecha. Naturalmente que sí hay posiciones extremas, pero tienen que ver más que todo con la cultura. Por eso cuando uno encuentra a alguien que sea un discriminador de mujeres, un racista, un homófobo, con valores que han sido superados por la civilización y no pueden volver; uno diría ese es de derecha, pero esa es una manera de interpretar el asunto. Pero a una gente que trabaja con los valores normales es muy difícil darle la identidad de izquierda o derecha.

Curiosamente, Marx nunca habló de que él era de izquierda o de derecha, él decía yo pertenezco al partido de la clase obrera, era algo absurdo, pero menos absurdo que decir que era de izquierda o derecha que no son sino referencias geográficas. Todo son vaivenes, en Venezuela en los años 60 nadie quería ser llamado de derecha, todos decían "la izquierda soy yo". Ahora nadie quiere ser llamado de izquierda y se declaran de derecha. No implican ningún cambio conceptual, sino que revelan es que esos términos se parecen mucho a lo que en Venezuela fueron los conservadores y los liberales. Es un oportunismo metafórico en la palabra, en la retórica, no tiene ningún significado y nunca lo ha tenido, sin embargo, ha corrido con suerte porque los periodistas quieren o necesitan respuestas rápidas para definir situaciones y ninguna más rápida que la de izquierda y de derecha, incluso hablamos así los que lo criticamos, los que no le vemos sentido, se ha convertido en parte del lenguaje corriente sin significar nada, como ocurre con muchas palabras.

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