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Domingo, 15 de Julio de 2018

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Opinión

El ojo mecánico | De películas y otras anotaciones de un cinéfilo empedernido

Adiós Leia, adiós Luke

Adiós Leia, adiós Luke
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“Star Wars: los últimos jedi” representa, entre la pirotecnia de los efectos especiales, una despedida generacional que, lejos de anunciar el final de la saga, presagia su continuidad con nuevos héroes

El episodio 8 de La guerra de las galaxias, titulado Star Wars: los últimos jedi, es un retorno a los orígenes de la saga creada hace más de 40 años por George Lucas. Por lo tanto, es una fantasía atravesada por la nostalgia, por el reencuentro de los viejos valores filosóficos de esos héroes de la cultura popular que son los jedi.

Para no caer en spoilers, poco se contará de lo que ocurre en el filme que ha dirigido Rian Johnson, quien también estará a cargo del episodio 9, programado para estrenarse en 2019.

La película se desarrolla en tres grandes bloques narrativos interconectados: los enfrentamientos de “La Resistencia”, duramente golpeada tras la muerte de Han Solo, a la Primera Orden; la búsqueda del maestro jedi Luke Skywalker que emprende Rey, portadora de ese poder sobrehumano o metasensorial que distingue a los jedi, y la cavilaciones dubitativas del ambicioso Kylo Ren, quien busca una revancha luego de haber sido derrotado por Rey en El despertar de la fuerza.

Pero hay que esperar más de Star Wars: los últimos jedi. Mucho más que batallas entre naves espaciales, misiones sin probabilidades de éxito, planetas exóticos y criaturas increíbles. Todo eso está en la nueva entrega de la saga, pero esta también tiene su añadido que, a mi juicio, es el elemento más interesante y emotivo de la película: esa especie de delicado, de apacible, traspaso generacional, relevo libertario, de la Princesa Leia y Luke Skywalker a Rey, a Poe Dameron, a Fin… De lo viejo a lo nuevo, de los héroes añejos a los héroes en ciernes.

En resumidas cuentas, el tiempo es un factor que marca las incidencias en la historia y el devenir futuro de la saga. Desde el punto de vista de la producción, propicia que la película funcione tanto para un público infantil y juvenil que aguarda ansioso por el despliegue visual del que son capaces los efectos especiales de última generación, como para un público adulto al que a estas alturas le es imposible desentenderse del curso vital de unos personajes de ficción que desde hace mucho forman parte de sus afectos como consumidor cultural.

El tiempo, también, signa los movimientos de las fuerzas del bien, acorraladas por la Primera Orden en Star Wars: los últimos jedi. La Resistencia se encuentra debilitada como el solitario héroe mitológico que tiene todo en su contra. El tiempo pasa inevitable para Leia y Luke, pero no solo en el sentido del reloj biológico, que es importante claro, sino también en la necesaria e impostergable renovación de una saga que ya supera las cuatro décadas de existencia.

Johnson y el equipo que lo acompañó en la realización del episodio 8 han tenido la justa visión de proponer a la audiencia esos cambios generacionales sin salidas dramáticas e inesperadas. Al contrario, se han tomado el tiempo (de nuevo, el tiempo) para honrar a los predecesores de Rey, Poe, Fin y hasta para avizorar una nueva resistencia como en aquellas culturas primigenias en las que la sabiduría es transmitida de los ancianos a los jóvenes.

Dar estos pasos cruciales para la digna sobrevivencia de un producto de consumo masivo de cierta longevidad requería inteligencia. El equipo creativo detrás de Star Wars: los últimos jedi la tuvo al rescatar el basamento filosófico de la creación original de George Lucas. Ello, a pesar que de los espectadores más jóvenes resientan en la película de Johnson menos acción de la que esperaban, mientras la nostalgia invade, abriga y emociona a sus iguales de 40 años en adelante que, con el llanto oculto por la oscuridad de una sala de cine, se regocijan desde el momento en que aparecen en la pantalla los textos introductorios de la historia perdiéndose en el espacio exterior y retumba con fuerza el coro de instrumentos de metal de la música inigualable de John Williams.

Había que despedirse de Leia y de Luke. Y no hubo mejor manera de hacerlo que como se muestra en Star Wars: los últimos jedi, con respeto, admiración y agradecimiento. Porque, a fin de cuentas, hay que agradecer a quienes por décadas nos hicieron soñar con mundos de fantasía.

Quien hoy escribe, se siente más que crítico, un espectador agradecido y satisfecho. Perdónese, pues, el tono personal de este comentario.

@juanchi62


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