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Sábado, 21 de Octubre de 2017

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Cable al sur | Literatura, política, memorias y otras ficciones

30.000 empiezan con 1

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Imagen tomada de http://www.bifurcaciones.cl -

También espero que se haga justicia en Venezuela, y que los responsables de la desaparición del estado de derecho, los que han disfrazado la justicia de “justicia militar”, reciban su justo castigo

A principios de agosto aprovechamos un domingo para visitar el Parque de la Memoria, un espacio adjunto a la Ciudad Universitaria de la Universidad de Buenos Aires destinado a recordar a los desaparecidos durante la dictadura de los años setenta. Es un lugar conmovedor, del que no sales indemne, a menos que pertenezcas al lado despiadado de la humanidad, a esos que hablan de “necesario derramamiento de sangre”, de la “vida por la patria” y otras pelotudeces, como bien dicen por estos lares. Es un espacio muy bonito junto al río, con mucha grama donde sentarse o acostarse, caminerías junto a un río con una vista espectacular y muy mal olor, al menos ese día; un centro de documentación con una sala de exposiciones; una pared con muchos nombres de ciudadanos desaparecidos, con edades que iban desde los catorce años hasta más allá de los setenta; y un monumento dedicado a los detenidos y torturados que fueron arrojados al río, a veces vivos y desde helicópteros, entre ellos un niño de catorce años, Pablo Míguez, cuya memoria se destaca en la figura de un niño, una escultura de Claudia Fontes, que flota de pie sobre las aguas del Río de La Plata.

Por esos días, en la provincia de Chubut y durante una protesta de indígenas mapuches por unas tierras que están peleándole a Benetton, se produjo la desaparición de un manifestante, Santiago Maldonado, un artesano que se encontraba en la sede de una comunidad mapuche cuando ésta fue allanada por la Gendarmería Nacional, y desde entonces no se sabe nada de él, que además se ha convertido en una suerte de bandera política, enarbolada contra la posibilidad de que el oficialismo se alce con una mayoría en el congreso en las cercanas elecciones de octubre.

Y no es tan sencillo: sí es posible que los gendarmes hayan desaparecido a Maldonado, pero hasta ahora no hay pruebas ni testimonios claros en esa dirección, y al convertirse su caso en una punta de lanza contra el macrismo, quizás lo segundo que ha desaparecido es la posibilidad de saber la verdad sobre lo que sucedió, y que este muchacho ingrese a esa especie de limbo criminal que parece flotar sobre América desde la frontera con Estados Unidos hasta la Tierra de Fuego.

El viernes primero de septiembre, al cumplirse un mes de su desaparición, varias organizaciones políticas, estudiantiles y de derechos humanos convocaron a una marcha en Buenos Aires exigiendo su aparición o que se diga qué fue lo que realmente sucedió. Una de las consignas de la marcha en el fondo era una condena: “Vivo se lo llevaron, vivo lo queremos”. ¿No es precisamente lo que clamaban los padres de las víctimas de Ayotzinapa hace tres años? ¿No es en el fondo una manera de decir que todos saben que está muerto?

Ese día, haciendo entregas por 9 de julio me crucé con pintas hechas en los contenedores de basura, como la que da nombre a este artículo, y un poco después, rodando por Pasco me topé con un local sorprendente: la sede de la Unidad Básica “Comandante Hugo Chávez”, sede también de Kolina, una Corriente de Liberación Nacional cuyo lema es “El amor vence al odio”, que además imparte clases gratuitas de inglés, y del que no pude saber nada más porque ese día estaba cerrado, pues estaban en la marcha por Santiago Maldonado, y naturalmente había un afiche preguntando “¿Dónde está?”.

Sería gracioso si no fuera trágico, que este movimiento kirchnerista —es lo que es Kolina— pregunte por un desaparecido bajo la sombra de Hugo Chávez, del padre de un gobierno que en este momento mantiene centenares de estudiantes y ciudadanos presos por luchar por sus derechos políticos y civiles; que mantuvo “desaparecido” —¿ya apareció?— al general Baduel, secuestrado de su calabozo y al que mantienen retenido ilegalmente desde abril, cuando se cumplió su condena y le inventaron nuevos cargos, como están haciendo con otros políticos y dirigentes venezolanos. Y hablamos del mismo gobierno que ha asesinado a dirigentes indígenas yukpa en el Zulia desde 2013, y que también se ha negado a reconocer los derechos indígenas sobre sus tierras, porque siguen demasiado interesados y llenos de codicia por lo que hay debajo de ellas.

Vuelvo a la imagen del niño sobre las aguas del Río de la Plata en el Parque de la Memoria, y de verdad espero que Santiago Maldonado aparezca, o al menos se sepa qué sucedió y los responsables sean castigados. También espero que se haga justicia en Venezuela, y que los responsables de la desaparición del estado de derecho, los que han disfrazado la justicia de “justicia militar”, reciban su justo castigo. Y que en América Latina, desde México hasta Argentina, no haya más desaparecidos, ni impunidad.

Pero más que una posibilidad parecen los deseos de una candidata a Miss Universo. Da la impresión de que los latinoamericanos todavía no somos completamente materiales, concretos, y por eso tendemos a desaparecer apenas nos oprimen un poco. Las ideologías totalitarias y la impunidad estatal actúan como olas que borran nuestra presencia, como huellas en la arena. Necesitamos ser huellas en la piedra, aparecidos.

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