Viernes, 24 de Noviembre de 2017

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El caño de la madre

Triple salto al abismo

Triple salto al abismo
La atleta venezolana Yulimar Rojas, celebra la medalla de bronce en Rio2016 - Foto: Prensa Mindeporte
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  • Adriana Ponte
Es realmente impresionante cómo desde ambos polos se ignora lo que implica alcanzar un logro como el de Yulimar Rojas y en este artículo Adriana Ponte analiza esos aspectos

Yulimar Rojas compitió el pasado 14 de agosto en la disciplina de triple salto en los Juegos Olímpicos de Río 2016 y logró llevarse la medalla de plata en representación de Venezuela. Tiene sólo 20 años y es la mujer Nro 24 en la historia de los Juegos Olímpicos en pasar los 15 metros en un triple salto y la más joven en lograrlo. Además su historia de vida es un pasmoso relato de constancia y determinación, una lucha entre lo que deseaba como deportista y las adversidades que se le atravesaron desde muy pequeña. Yulimar ha tenido una vida difícil, pero pareciera que eso no crea en ella resentimientos ni malicia. Hace unos días en su cuenta de Instagram, ha colocado una foto de su presea olímpica y en el texto que acompaña la imagen expresa un deseo: “desearía que mi Venezuela no esté dividida, que no haya problemas y que reine la felicidad y la armonía entre todos”.

El deseo de Yulimar no nace de la nada. Apenas minutos después de triunfar en Brasil, comenzaron a aparecer en las redes sociales las felicitaciones y las expresiones de orgullo patrio por proeza pero no se hizo esperar también la imagen junto al presidente Nicolás Maduro, quien en marzo de este año condecoró a la atleta con la orden José Félix Ribas, luego de que obtuviera una medalla de oro en el Campeonato Mundial de Atletismo que se llevó a cabo en Portland, Estados Unidos. Con esa foto, se daba inicio a una de las prácticas más patéticas y miserables de la Venezuela de hoy: la polarización de todo lo que acontece. Por una parte, los chavistas le daban el crédito del triunfo de Rojas al gobierno, a la revolución y al mismísimo Hugo Chávez. Insinuaban que Yulimar es más o mejor atleta porque es chavista o porque el gobierno venezolano hace algo para que lo sea. Por otra parte, los opositores, le ofrecían insultos o echaban a rodar sus mezquindades en textos que desconocían el valor de su esfuerzo, por la misma razón: suponen que la jovencita es chavista y se sienten con derecho a ofenderla o a quitarle mérito a su logro por esta razón.

Ambos grupos, configuraban con sus palabras el modo de lo trágico-religioso que empaña la visión de millones de venezolanos, como si ser chavista u opositor tuviese algo que ver con las formas del mal o del bien. Cada uno de los sectores, vive creyéndose dueño de lo bueno y lo mejor, achacándole a su adversario la forma de lo maligno y lo peor. No se dan cuenta quienes así proceden, que “el mal” se encarna en esas posturas fundamentalistas y deficientes que hacen que la sociedad sea inviable y que impiden que la convivencia, el respeto y la concordia sean entidades que amalgamen las diferencias para que sea posible vivir en la diversidad. Son quienes impiden que salgamos de ese marasmo de cretinismo que ha permeado todas las circunstancias de nuestra vida como país.

Es realmente impresionante cómo desde ambos polos se ignora lo que implica alcanzar un logro de esta magnitud. Los que le achacan el logro al gobierno, no tienen ni idea de lo que dicen. El hecho de que después de tantos años de Revolución apenas tengamos una representación mínima en las olimpiadas hablan de cómo la inversión en deporte se fue al bolsillo de algún poderoso. Podría decir sin temor a equivocarme que sin el patrocinio de Nike, Yulimar no estuviera entrenando con Ivan Pedroso en Madrid sino que seguiría poniéndole empeño desde un polideportivo medio despedazado en Puerto La Cruz, sin obtener los colosales avances que ha tenido desde principios de este año cuando comenzó a entrenar con el cubano. Y ya que nombro a Pedroso, debo aclarar que no se trata de un entrenador cubano de los que trajo el Gobierno nacional al país, sino de un hombre que ha sido nueve veces campeón mundial de Salto Largo y medallista de oro en esta especialidad en las Olimpíadas de Sidney, que ahora vive exiliado en la capital española, a donde también tuvo que irse Rojas, como muchos jóvenes y no tan jóvenes que saben que en Venezuela no pueden avanzar al ritmo que quieren. Sin ese entrenamiento, con el dinero y el esfuerzo que valen, Rojas no hubiese alcanzado la medalla de plata. Aquí no hay magia revolucionaria que opere, sino que hay voluntad y constancia. En la misma tónica pero con otra lógica, los que desconocen el logro de Yulimar desde la oposición, excluyen de su análisis el esfuerzo que ha generado ese triunfo. Aunque se retrate millones de veces con Nicolás Maduro y le dedique su medalla a Aristóbulo Istúriz, nada de eso hizo que ella estuviera en el podio al lado de la colombiana Caterine Ibargüen, otra mujer admirable. Sus triunfos no salieron de una caja de Corn Flakes. Lo que convirtió a ambas mujeres en campeonas es una entereza y una claridad en lo que quieren, cosas de las cuales carece tanto la masa opositora miope que se niega a reconocer su esfuerzo como la ola chavista ciega que pretende vincular ese logro a la revolución.

El triunfo de Yulimar Rojas, evidencia perseverancia y trabajo duro, dos cosas que en Venezuela desconocemos, desde cualquier sector político, porque creemos que todo se produce como la renta petrolera: sin esfuerzo. Unos juran que sacar el país de esta profunda crisis se hace vociferando en contra del imperialismo, otros creen que el gobierno saldrá del poder con cuatro guarimbas improvisadas, mientras algunos sueñan y cantan cada vez que pueden, un estallido social en el que salgan los pobres mientras ellos se quedan empantunflados comiendo cotufas. Y así vamos de desvarío en desvarío. Cuando incluyan en las Olimpíadas la disciplina de Triple Salto al Abismo, sí tendremos seguramente una representación robusta de nuestros políticos que se han hecho expertos en entrenarnos en este agobiante deporte. Y allí estaremos para alcanzar una medalla de oro.

Aunque dé carraspera reconocerlo, en Venezuela lo extraordinario es la gente como Yulimar: que siendo chavistas o de oposición, están poniéndole esfuerzo, foco, trabajo duro y constancia a lo que hacen. Por eso, aunque ella se lo dedique y lo desee, ese triunfo no es de Venezuela porque Venezuela, como país y como sociedad fracasó. Ese triunfo es de Yulimar, es de ella solita y de su familia que no se amilanó ante la adversidad. Espero que siga trabajando fuerte de la mano de Pedroso y con el patrocinio de Nike, para que en 4 años se gane su presea de oro. Que bien merecida la tiene desde ya.
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