Miércoles, 17 de Octubre de 2018

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Rafaela Requesens: De bailarina de flamenco a presidenta de la FCU UCV

Rafaela Requesens: De bailarina de flamenco a presidenta de la FCU UCV
- Foto: Rafael Briceño
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  • Milángela Balza | @MilangelaBalza
Rafaela Requesens no quería estudiar, pero su hermano Juan Requesens (diputado y ex presidente de la FCU) la convenció de ingresar a la máxima casa de estudios del país

Maquillaje al mínimo. Jeans y chaqueta manga larga que cubren sus cinco tatuajes. Ahora, usa zapatos deportivos, pero durante 15 años sus favoritos fueron unos con un poco más de tacón que retumbaban cuando chocaban con el piso, asegura.

Rafaela Requesens es la nueva presidenta de la Federación de Centros Universitarios de la Universidad Central de Venezuela (FCU-UCV), desde el pasado 17 de febrero, y cursa el noveno semestre de Estudios Políticos y Administrativos.

Formarse en la “Casa que vence la sombra” le quita el sueño a más de un venezolano, pero Rafaela se sale de este lote, no por ser la UCV, sino porque lo que realmente quería era dedicarse a bailar flamenco.


Foto: Cortesía Rafaela Requesens

Desde los 6 años de edad movía las muñecas de sus manos, así como sus brazos y piernas al son de esta variedad musical. La practicó durante 15 años en instituciones, como Tatiana Reyna, Agrupación de Baile Flamenco de Venezuela e Ímpetu Centro de Danza. Después empezó a tener problemas en la rodilla por su peso.

Su traje de flamenca, peineta, castañuelas y abanicos los empezó a combinar con licras y sudaderas para practicar Insanity. Recuerda que en dos meses bajó 15 kilos: de 90 a 65 kilos.

Aunque en sus planes no estaba estudiar, su único hermano, el diputado por la oposición Juan Requesens, le insistió para que entrara en la UCV. El parlamentario también fue presidente de la FCU en 2012.


Antes de Estudios Políticos y Administrativos, sus primeras opciones eran Medicina y Arquitectura. Presentó la prueba para esas carreras, pero no las aprobó: “La prueba de Arquitectura no la pasé, hubo un receso de 15 minutos durante toda la prueba, me fue malísimo, no había ido preparada”, cuenta.

Sin embargo, desde 2010, cuando comenzó su carrera de Estudios Políticos y Administrativos, se disfruta al máximo las más de 200 hectáreas de su Ciudad Universitaria. “Es como la segunda casa, es donde uno conoce a las mejores —hace una pausa— y peores personas también —asiente con la cabeza—; donde lloras, ríes, haces vida y matas toda tu etapa de la juventud. Es lo mejor que me ha pasado”.

Desde inicios de este año, lidera el movimiento estudiantil “Creo en la U” —que nació de la división de “Viva la U”— junto con el nuevo presidente adjunto de la FCU UCV, Alfredo García.


Foto: Instagram/rrequesens

Como la segunda mujer que preside la federación—la primera fue Claudia Heredia, dirigente de Bandera Roja, en el año 2000—, lo que más le preocupa es la apatía de los estudiantes. A continuación, las cuatro estrategias principales de “Creo en la U”.


Las luchas estudiantiles, las clases de la universidad y su problema de la rodilla que requiere operación le impidieron continuar con su pasión del flamenco, pero afirma que el baile es su identidad: “Eso es lo que yo soy realmente, esa soy yo, a veces no se dan las cosas que uno realmente quiere”, lamenta la joven de 24 años de edad.

“Me nace hacer una cosa y la hago”

A tres años de haber comenzado la universidad, se tomó un año para estudiar cocina en el Instituto Culinario de Caracas. Le faltó un nivel porque quiso continuar con sus clases en la UCV. “Me nace hacer una cosa y la hago”.


Foto: Instagram/rrequesens

Aunque nació en Caracas, un 12 de junio de 1992, su equipo favorito de béisbol es Caribes de Anzoátegui porque su familia paterna es de allá.

Su mamá y su hermano Juan Requesens la acompañaron a hacerse su primer tatuaje a los 17 años. “Mi mamá súper alcahueta y mi papá me regañó horrible”, se ríe. Ella quería una estrella similar a la de la banda Tokio Hotel, pero el tatuador le advirtió que no era el mejor diseño, que con el pasar del tiempo se iba a dañar, entonces simplemente le plasmó otro modelo.


Foto: Rafaela Requesens

“Yo como que, dale, dale, no importa —mueve los brazos como si estuviera apurando al tatuador hace siete años— estaba muy nerviosa”.

Adicional a la estrella, tiene otros tres en los brazos: uno es una frase que dice “los pilotos no mueren, solo vuelvan más alto” por un tío que tuvo un accidente en un helicóptero; otro de un perrito con huellas alrededor por su mascota que murió hace dos años y estuvo con ella 15 años; y unas rosas porque son las flores favoritas de su abuela.

También tiene un tatuaje de pluma de pavo real en la clavícula porque era el animal favorito de su abuelo.

El piercing en su labio inferior se lo ha puesto tres veces: la primera vez se lo quitó porque le dijeron que no lo debía usar por ser mujer; la segunda se lo tragó; y la tercera dijo: “Ay, no me interesa, me lo voy a hacer porque me gusta y ya”.

Foto: Rafael Briceño

“Rafis”, como la llaman sus amigos, comenta que muchos la han criticado por su apariencia física, pero es la manera en la que ella se quiere presentar.

“(Miguel) Pizarro tiene tatuajes y es diputado. Si él puede ser diputado con tatuajes, yo puede ser presidenta de la República con lo que sea. Al final nos encargamos de juzgar a las personas por su apariencia, en vez de cómo piensan y realmente lo que quieren hacer”.

Lo de ser “presidenta de la República” lo dice en broma porque, hasta los momentos, no tiene mayores aspiraciones políticas. Hace un año tampoco quería ser representante estudiantil.

Al igual que su hermano Juan Requesens, ella milita en Primero Justicia, pero solo porque su hermano pertenece a ese partido político. Si él formara parte de otro, está “segura” que tuviera la misma relación que la que tiene con la tolda amarilla.

Rafaela cree en la autenticidad de las personas e invita a todos a ser quienes son realmente. No pretende ser una “política” más, ni hacerse inalcanzable para las los estudiantes: quiere seguir siendo uno más de los 40 mil jóvenes que actualmente se forman en la UCV y poner su máximo empeño para trabajar en su segunda casa.

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